Clube de Adictos a Deep Purple

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Púrpura Chess

This blog is basically a musical site. Here we talk about the music we like, using different angles. As dear and missed Jon Lord once said: “Music is the highest kind of Art that exists”. I think the same way too.

Púrpura Chess

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miércoles, 20 de julio de 2016

Rainbow: "Sixteen century greensleeves". Bietigheim-Bissingen. Monsters of Rock 18.6.16. Un poquito de magia.


"Sixteen century greensleeves", ese tema tan especial que selló para siempre el inicio de una de las mejores y más creativas colaboraciones que ha dado el mundo de la música -el binomio Ronnie James Dio/Ritchie Blackmore-, se interpretó en uno de los tres conciertos de vuelta al Rock que ofreció el grupo de Blackmore hace escasamente un mes.


En la incomparable y sugerente localización de Bietigheim-Bissigen, frente al Parque del Viaducto de este entrañable pueblecito alemán de nombre impronunciable, se celebró el segundo de los tres únicos conciertos de la nueva reencarnación del Ritchie Blackmore's Rainbow. El grupo, como siempre ha sucedido con las distintas formaciones de Rainbow, estaba compuesto por savia nueva -algo que normalmente ha caracterizado a Ritchie, preocupado por buscar ese feedback nuevo y personal con los músicos que le rodean además de sus habilidades musicales-. Al frente del grupo nos hemos encontrado a Ronnie Romero, un estupendo vocalista afincado en nuestro país y que no ha hecho más que demostrar al mundo entero lo bueno que es. Completamente sobrado de voz e interpretando un repertorio lleno de temas originales de vocalistas como Ian Gillan, Ronnie Dio, Glenn Hughes, Graham Bonnet, Joe Lynn Turner o David Coverdale. Defender un repertorio de estas características solo está al alcance de unos pocos. Impresionante su demostración de facultades en "Child in time".


No es esto una crónica, ni tiene la intención de serlo. Simplemente quiero compartir el momento en el que Ritchie Blackmore decidió interpretar "Sixteen century greensleeves" y llenarnos de felicidad a muchos de nosotros. Ni siquiera el batería tan simplón que se han buscado para estos conciertos pudo quitarle el brillo a esta inmortal canción que, recordémoslo bien, solo tocaron en este segundo show de la mini gira de sus tres actuaciones de regreso al Hard Rock. Hay que disculpar la grabación con teléfono movil y abstraerse para disfrutar de la verdadera esencia del asunto.

                   Ritchie Blackmore's Rainbow: "Sixteen century greensleeves". Monsters Of Rock. 18.6.16.

Parece ser que Blackmore tiene intención de realizar más actuaciones con Rainbow el próximo año, incluso ha comentado recientemente que tocará principalmente canciones de este grupo porque parece que la gente disfrutó más de estos temas que de los de Deep Purple ¿?... desde luego que Ritchie sigue siendo un cachondo. No podemos olvidar que Ritchie Blackmore hoy en día es un señor de setenta años operado de artritis en una mano, por lo que no tiene sentido hacer carreras comparando su nivel de digitación con el de hace cuarenta años. Sin embargo, todo su gusto tocando permanece intacto; no hay más que escuchar, por ejemplo, cualquiera de las versiones de "Catch the rainbow" que realizó en estos conciertos para comprobarlo. Serán bienvenidas todas las futuras actuaciones que quiera realizar de este grupo tan especial, aunque quedará en mi memoria el momento en el que puso el pie en el escenario de Loreley, con su chaqueta negra de flecos que lució en algunos conciertos de las giras de "The House Of Blue Light" o "Slaves & Masters" y mientras tocaba los primeros acordes de "Highway star".





martes, 12 de julio de 2016

Paul Shortino.


Hace unas semanas planteábamos por aquí la necesidad de comentar unas palabras sobre  ese gran cantante que responde al nombre de Paul Shortino y qué mejor momento ahora que todavía están recientes sus recientes actuaciones del pasado mes de Junio en Madrid y Barcelona con King Kobra.

                                                                   King Kobra.

Shortino puede que sea uno de los cantantes más poco reconocidos dentro del circuito del Hard Rock y esto resulta bastante injusto puesto que, pese a no ser uno de esos cantantes definitivos y más grandes que la vida, es poseedor de una voz muy personal. Un tono grave que modula con maestría y que rompe en unos rasgados ideales para acompañar ese tipo de canciones que tanto nos gustan. Su tono natural resulta idóneo para temas densos y en clave bluesy, pero también tiene una elegancia natural para modular y llenar de matices cada línea vocal que afronta. No es una voz de agudos, desde luego, pero cuando sube de tono y rompe hace que la canción gane muchos enteros; sobre todo para los que nos gustan esos temas que van creciendo en intensidad hasta que explotan en algún momento determinado. La mezcla perfecta entre garra y sensualidad.


Paul Shortino ha puesto su voz en distintos grupos a lo largo de todos estos años. Se dio a conocer con su grupo de siempre, los Rough Cutt. Se trata de una especie de grupo americano de Hard Rock que ha adquirido la categoría de culto con el paso de los años, nunca alcanzó el éxito pero es bien conocido por todos los amantes del género. El empujón para el grupo de Shortino vino de la mano de Ronnie James Dio; sí, nuestro añorado vocalista y su entonces mujer/mánager/arpía Wendy les escucharon, vieron su potencial y decidieron apadrinarles –Paul sigue mostrando su agradecimiento y reconocimiento a la figura de Ronnie, al que llama su ídolo y amigo, acordándose de él en conciertos como el del otro día en Madrid con King Kobra y que dice mucho de su calidad humana-.

                                                                  Rough Cutt.

                         Paul Shortino en Los Angeles durante el Memorial por la muerte de Ronnie James Dio.

Tras la historia de Rough Cutt, nuestro hombre pasó a formar parte de Quiet Riot. Sustituyó al malogrado cantante Kevin Dubrow, al que echaron sus propios compañeros hartos de su insufrible actitud de estrella. Con ellos grabó el estupendo pero poco reconocido disco titulado “Quiet Riot”, lleno de grandes canciones y que, en un mundo justo, les hubiera encumbrado de nuevo al estrellato. “Stay with me tonight”, la canción que abre el álbum, es un temazo que merece la compra del disco por sí solo. Editaron un vídeo en directo de su gira de presentación en el que, desgraciadamente, la voz de Shortino no estaba en buen momento. El tema de los cantantes siempre ha sido muy delicado, con coger un ligero resfriado ya no puedes cantar. Por otro lado, un tipo de voz como la de Paul y su manera de interpretar se resiente mucho si no está al cien por cien. Estos problemas con la voz también los arrastró en el directo en solitario que sacó años más tarde bajo el título de “Booked, Toured And Released”. Por el contrario, las tres oportunidades que he tenido de verle en directo me ha llamado la atención por lo bien que ha cantado; esa voz llena de pasión, de Soul

                                             Quiet Riot: "Stay with me tonight". Vídeo clip oficial.

                                                   Kevin Dubrow y Paul Shortino. 

También colaboró en un proyecto con Mitch Perry, el estupendo guitarrista que acompañó a Michael Schenker en el primer disco de la McAuley Schenker Group, llamado Badd Boyz. Pese a montar un puñado de canciones más que recomendables no lograron encontrar contrato discográfico y abandonaron el proyecto. Los temas se acabaron publicando años después en un disco de Mitch Perry y se volvieron a recuperar más adelante bajo el nombre original del grupo.


Paul Shortino también ha grabado distintos discos en solitario, de mucha calidad todos, aunque el mejor es, sin duda alguna, “Back On Track”. Este disco lo sacó en compañía del guitarrista Jeff Northrup y lo volvió a reeditar años después con el añadido de temas extra. El cd es de lo mejorcito que ha grabado Paul y canta que se sale. Para muestra tenemos el estupendo tema "Bye bye to love", con un final de órdago en el que Paul demuestra por qué es tan bueno.

                                                  P. Shortino feat J.Northrup: "Bye bye to love".

En la actualidad Shortino compagina su labor de vocalista en King Kobra con colaboraciones en musicales y reuniones de artistas en Norteamérica, algo que se encuentra muy de moda últimamente en Las Vegas o New York. Así mismo realiza otras colaboraciones puntuales cuando son requeridos sus servicios, hace unos años actuó en directo en España acompañando a Carmine Appice y a Javier Vargas bajo el logotipo de VBA (Vargas-Bogert-Appice) en un intento de emular el fantástico álbum que publicó en los setenta el grupo BBA (Beck-Bogert-Appice). Todo un luchador, curtido en mil y una batallas musicales.




miércoles, 29 de junio de 2016

Para qué adquiere, compra, graba o descarga música la gente. III.




En estos inciertos tiempos que corren en los que resulta casi inaudito que alguien pague dinero por comprar un cd y en los que casi todo el mundo acumula o consume música como un subproducto inmediato, de esos de usar y tirar, resulta imposible sustraerse a las motivaciones que podemos tener las personas para acumular o adquirir  música en sus diferentes formatos y soportes. La era digital ha cambiado muchas costumbres relacionadas con el hecho musical y plataformas como Spotify, Itunes, Deezer , Amazon u otros sitios de streaming han irrumpido con fuerza para servirnos canciones al por mayor como si se tratase de comida de cualquier cadena de cutre-hamburguesas.


Con el deseo de cerrar la trilogía sobre inquietudes musicales se nos ha ocurrido una clasificación que explica distintos perfiles de público y sus motivaciones para adquirir música en cualquiera de sus posibles variantes. Vuelve a ser esta una distribución deliciosamente relativa, seguro que cada uno puede hacer la suya propia.


  1 - Para almacenarla.

El primer tipo de espécimen que vamos a abordar por aquí responde a un perfil que ha existido desde que la música es música. Se trata de ese sujeto que tiene como máxima recopilar la mayor cantidad de música posible. No está claro el hecho de que la vaya a disfrutar, puede que ni siquiera llegue a escucharla jamás; lo importante, sin duda, reside en el hecho de poseerla y almacenarla.
Hace años, en esa época pleistocénica en la que no existía internet ni descargas gratuitas y para adquirir música debías comprarla, esas personas tenían la sana costumbre de grabar todos los discos que caían en sus manos. Y, si no caían en sus manos, no tenían ningún reparo en pedirte que les pasases toda tu discografía; toda. Poco importaba el tipo o estilo de música, de lo que se trataba era de acumular.
En la actualidad, las nuevas tecnologías se lo han puesto mucho más fácil. Internet se ha erigido como ese nuevo amigo o conocido global al que pedirle toda suerte de discos. De nuevo la cuestión musical pasa a ser secundaria, se lo bajan todo y punto. Incluso ha aparecido toda una nueva generación que, no solo se lo descarga todo para probablemente no degustar nada, sino que además opina que esto debe ser así y que no se debe pagar por adquirir música. Inquietante.


  2 - Por inercia.

Aquí no hay un especial afán de recopilar porque sí. Las personas que se pueden incluir dentro de este perfil realmente llegar a disfrutar la música que poseen y les ayuda a ser felices. El asunto es que lo llevan haciendo toda la vida y forma parte de la costumbre. Muchas veces no hay un requisito especial para que determinado disco pase a formar parte de tu vida, simplemente te lo grabas y a la estantería o al disco duro.


  3 - Porque se lo pasan los amigos.

No podían faltar los amigos por aquí. Sin duda todos conocemos a alguien cuya vida no gira en torno a la música ni tiene una especial colección de discos, cds o carpetas de archivos en su ordenador. Lo curioso aparece cuando de pronto te sorprenden al informarte de que han adquirido algún nuevo cd, de esos poco conocidos o habituales. No es que se hayan convertido a la religión de aquellos obsesos que vivimos entre estrofas y estamos en un permanente estado de alerta buscando la nueva joya musical que siga iluminando nuestra existencia, simplemente es que se lo ha pasado un amigo. Incluso podemos encontrarnos a gente que solo tiene en su casa la música que le han ido pasando los amigos durante su vida. De cualquier manera la importancia de los amigos sigue siendo capital. Cuando cae en tus manos una joya musical, uno tiene la obligación moral de compartirla con la gente que te importa, aunque el destinatario tarde tiempo en comprender la grandeza de aquello que le regalas. Una vez más el asunto tiene esa connotación religiosa: siembra, que algo queda.



  4 - Para regalar o para recibir un regalo.

Un clásico. No se me ocurre mejor regalo que hacerle a alguien que sea importante en tu vida. ¿Ropa, colonias, corbatas, platos que ponen eso de “te quiero…” o similares? No; no hay nada como regalar música y, si aciertas, la satisfacción y el éxito resultan plenos. No es superable el hecho de obsequiar con un disco a alguien importante para ti y que le guste de verdad, puedes dar por seguro que los recuerdos de ese regalo y de ese momento van a acompañar durante el resto de la vida a la persona a la que se lo has regalado. Nada es comparable a esa experiencia mística; bueno, podemos considerar el regalo de un libro como algo que puede producir un efecto similar, pero no es lo mismo. Hay que tener en cuenta que el libro tiene las cualidades necesarias para producir ese efecto de recuerdo imperecedero. El asunto es que la música tiene una inmediatez mayor. Resulta muy complicado que te leas un mismo libro más de diez veces, mientras que hay discos que puedes llegar a escuchar cientos de veces a lo largo de tu vida. También hay que contar con que puede ser que escuches una determinada canción en cualquier contexto de tu devenir diario que inmediatamente active el recuerdo del regalo y sus sensaciones; imposible competir con eso.


  5 - Para coleccionar.

Uno de los principales motivos para acumular ingentes cantidades de material discográfico en los sufridos estantes de nuestras humildes moradas y librar nuestras sufridas conciencias de culpas que no dejan dormir es el coleccionismo. Bajo esta bandera enarbolamos esa extraña fijación por poseer todo el material musical existente de nuestros grupos preferidos. Esta panda de adorables frikis perdidos nos sentimos incapaces de explicar dentro de las coordenadas del razonamiento humano las motivaciones que nos llevan a abarrotar nuestras residencias, pequeñas y humildes en la mayoría de los casos, de ese número descomunal de vinilos, cds, cassettes y un sinfín inimaginable de memorabilia musical de variado pelaje. Es igual, nadie sabe explicar el por qué pero siempre hay un momento a lo largo de tu vida en el que necesitas escuchar tal o cuál disco mientras manoseas la portada, el libro, una foto o el artilugio más descabellado e inimaginable que se te pueda ocurrir. En este sentido el seguidor del grupo Kiss conforma una subespecie con características propias, puesto que el propio grupo, sabedor de esta debilidad humana, lleva años sacando al mercado un abanico de productos de merchandising que comprende desde soportes musicales, ropas o vasos hasta productos tan surrealistas como preservativos o… ataúdes; sí, en el caso de que fallezcas el adorable bajista Gene Simmons lo tiene todo preparado: te vende un ataúd personalizado por un pastizal y listos.


Dentro de esta peculiar raza humana nos podemos topar con diferentes especies. A la cabeza de la pirámide evolutiva se encuentran los coleccionistas de productos originales de los músicos. Es este un grupo selecto y selectivo que se caracteriza por la necesidad de poseer objetos únicos y originales, pudiendo pagar sumas de dinero verdaderamente astronómicas para poder adquirir la primera edición descatalogada del disco fantasma de un grupo o los pantalones desgastados con los que el artista de turno grabó su canción más famosa; todo vale y todo es coleccionable. En un rango menor se encuentran otros sujetos, poseedores también de una deliciosa pedrada musical, que prefieren almacenar discos originales, pero a los que les valen también las copias. Suelen ser mirados con desdén, suspicacia y, por qué no, un cierto grado de desprecio por parte de los coleccionistas originales de los que hemos hablado antes. En un mundo elitista y complejo, este del coleccionismo, regido por sus propias y singulares leyes.


  6 - Por publicidad o por aparentar.

Hay gente que nunca sabremos si se dedica a escuchar y recopilar material discográfico, lo que está claro es que demuestran un especial hincapié en hacérnoslo saber por activa y pasiva. No tenemos más que sumergirnos en alguna de esas deliciosas y apasionantes conversaciones sobre música al abrigo de la barra de cualquier bar y de nuestra bebida preferida. Si damos con el interlocutor adecuado tendremos la suerte de asistir a un master universitario en conocimientos musicales y vitales; también nos vale un entorno tan dado a ello como el final de cualquier concierto, con la posterior sesión en el primer tugurio que tenga a bien atender a esa sarta de melenudos que se pasan todo el día hablando de pamplinas. Los distintos actores que pueden participar en estas improvisadas sesiones conforman una fauna variada y propia en sí mismos, pero lo que no suele fallar casi nunca es el espécimen que posee nociones sobre todo tema a tratar y  deja caer con displicencia la colección musical que supuestamente atesora. Generalmente se les cala a la legua y, muchas veces, ellos mismos van corriendo de cabeza al fango de sus propias palabras. Nos podemos encontrar de todo: fans de primera fila, puretas ocasionales y hasta los propios músicos de otros grupos que han asistido al evento, la mayoría de las veces como un acto puramente social en el que el objetivo principal puede ser el de dejarse ver por el resto de la plebe. Conviene reseñar que normalmente el grado de conocimiento y volumen de la propia biblioteca musical de cada improvisado interlocutor suele ser inversamente proporcional a su deseo de notoriedad en la casual conversación; como en casi todos los demás ámbitos de la vida.


  7 - Porque se la regalan.

Aquí nos encontramos a todos aquellos que reciben música como regalo sin pagar por ella. No queremos referirnos a los destinatarios del apartado anterior de los regalos a la gente de tu entorno. Se trata fundamentalmente de la gente que trabaja en los distintos medios de comunicación, periodistas, locutores, gente dedicada a la promoción e informadores varios. Dentro de este grupo nos encontramos con sujetos de variado pelaje y la casuística puede ofrecer un abanico de perfiles tan abultado como sorprendente. Aquí habitan desde periodistas que disfrutan con prácticamente todo lo que llega a sus oídos, escuchando y manteniendo más o menos sus propios criterios musicales a la hora de comentar la música que reciben, hasta individuos que se rigen por otro tipo de criterios para evaluar cada cd que cae en sus manos y que suelen ser menos rigurosos… por decirlo de modo suave. En este segundo tipo de perfil nos podemos encontrar con que el informador de turno reciba una interesante cantidad de discos de actualidad de grupos importantes que tenga que comentar y desgraciadamente la valoración suela depender más de lo generosa que se muestre la compañía discográfica de turno que del valor intrínseco de la música del disco; qué coño, dudo incluso que lleguen a escuchar cada disco en su totalidad antes de emitir su crítica. Este tipo de individuo suele estar en una posición de cierto poder dentro del mundo de las comunicaciones y suele aparecer estrechamente relacionado con el mismo que realiza la crónica de un concierto cometiendo errores al comentar las canciones que ha interpretado la banda o incluso equivocando el nombre de los integrantes del grupo al que supuestamente ha ido -invitado, por supuesto- a ver actuar para cubrirlo informativamente hablando. La verdad es que hemos mejorado bastante en los últimos años. Ahora que está de moda nuevamente Rainbow con la vuelta de Ritchie Blackmore al Rock recuerdo la crónica del concierto que se publicó en la prensa española especializada allá por el año 1995 con motivo de la gira de presentación del hasta ahora último disco en estudio de la formación Arcoíris. El escriba de turno nos soltó media crónica con los manidos clichés de que si el grupo, que si Blackmore, que si el público de las primeras filas, que si el ambiente… y en cuanto empezó a comentar algo sobre las canciones lo primero que nos dijo fue que el grupo empezó tocando el tema “Burn”. Estuve en ese concierto y no daba crédito a lo que leía, puesto que empezó con “Spotlight kid”; equivocarse con el primer tema y con una canción tan emblemática como “Burn”. Pero es que el resto de la crónica mantuvo ese mismo nivel. En fin, el colmo del profesionalismo. Otro de los vicios de la prensa ha sido el de comentar los discos teniendo solo un adelanto de tres o cuatro temas. Repito, afortunadamente se ha avanzado mucho en estos últimos años.

                                                               Rainbow 2016.

Menos mal que todavía siguen quedando auténticos periodistas que son escrupulosamente profesionales y se toman su trabajo con la seriedad necesaria. Siempre me ha parecido tarea compleja la de evaluar o comentar un disco o un concierto en directo y valoro mucho cuando cae frente a mis ojos un escrito de alguien que desprende conocimiento y pasión por lo que escribe.


  8 - Tras ver al grupo en concierto.

Otro tipo de gente es la que no suele acercarse a las tiendas de música –que casi han desaparecido por completo- pero que puede adquirir el disco de un grupo en la propia zona de merchandising después de ver la actuación en directo. Este perfil puede estar directamente relacionado con el perfil de coleccionista, anteriormente comentado. Desde luego pocas cosas pueden hacerle más ilusión a un artista que alguien que no conozca especialmente tu música se decida a comprar tu disco tras verte tocar en directo.


  9 - Para colaborar con el mantenimientos de la propia música y de los grupos.

Este es un perfil muy curioso. Hay gente que, además de disfrutar la música y pagar por ella, tiene el sentimiento de cooperar con la causa de los grupos musicales. Nos encontramos con personas que adquieren un cd o dvd original a la semana, al mes o al trimestre con el motivo de aportar su pequeño granito de arena para subir las ventas de los artistas musicales. Hay que tener en cuenta que el tema de la piratería está haciendo mucho daño y que es una lástima que esté creciendo una nueva generación que considera que la música debe ser gratuita y que casi le haces tú el favor al grupo por escuchar su música; habría mucho que debatir al respecto, todos lo sabemos.
Lo que está claro es que en los últimos años el comprador de música original es una especie en peligro de extinción que debe sortear una serie de obstáculos a diario para seguir subsistiendo. La propia industria tiene una parte importante de culpa. En su afán recaudador nos impuso el formato cd, cuando ya teníamos el vinilo y el cassette, sin darse cuenta de que en realidad estaban poniendo a la venta el propio master de la grabación; antes, si hacías una copia del vinilo o del cassette, perdías calidad, pero con el cd puedes hacer una copia que quede exactamente igual de cara a la percepción del oído humano. Y no pensemos que sacaron este formato para ayudar al sufrido oyente mejorando la calidad de escucha –conviene recordar que el vinilo es el formato que mejor fidelidad sonora sigue ofreciendo- lo hicieron para poder seguir subiendo los precios. No puede ser que determinados discos de actualidad se encuentren en las tiendas a un precio de salida de 18 a 22 euros –casi cuatro mil pesetas de las de antes-. Un claro ejemplo de que la avaricia rompe el saco. En el lado contrario tenemos las series medias de discos clásicos que pueden salir de 3 a 6 euros. Es igual, esta nueva generación de la que hablamos no comprará ni unos ni otros.


  10 - Solo y siempre del mismo músico o grupo.

Un clásico. Seguidores que profesan fidelidad, y a veces exclusividad, al grupo o artista de turno. Puede pasar completamente de la actualidad musical, las nuevas tendencias, la octava maravilla musical de la que habla todo el mundo, pero seguirá al pie del cañón cada vez que su artista fetiche saque su nuevo disco y acudirá a comprarlo religiosamente a su tienda de toda la vida -si es que sigue abierta, claro-. Una vez más el ejemplo básico es Yngwie Malmsteen, uno de los músicos vivos que más pasiones y fanatismos puede despertar entre el público musical.

                                                        Yngwie Malmsteen.

  11 - Solo y siempre si cantan en español.

Variante del apartado anterior. Solo sigue la música interpretada en el idioma de Cervantes y del mismo modo solo se interesa por conseguir material bajo esta premisa.


  12 - Para colgarla de internet.

Este perfil ha aparecido en estos últimos años, con la irrupción de internet en nuestras vidas. Aquí podemos encontrarnos con dos variantes: los que obtienen beneficios al colgar música de la red o los que lo hacen de manera desinteresada y gratuita.
Tanto los que buscan un beneficio económico como los que desinteresadamente buscan compartir la música que les gusta con el resto de la humanidad conviven en una lucha diaria con los equipos de abogados e internautas de los grupos famosos que se pueden costear tener a sus sabuesos rastreando la red y los juzgados para intentar denunciar esa situación, con resultados desfavorables para estos segundos habitualmente. Todos recordamos la historia de Metallica contra Napster que no ha impedido que sigan apareciendo todos sus discos para descargarse por la red.
Otra vez la discusión moral subyace en todo este tinglado. En fin, que Dios bendiga a toda esta gente que comparte música y que ha convertido el hecho de que tu amigo te grabe en cassette el disco de su músico preferido en algo mundial y global. Cualquier músico tiene derecho a poner el grito en el cielo y quejarse ante esta situación terriblemente injusta, hasta Gene Simmons tiene derecho a despotricar, aunque me gustaría que tirase la primera piedra todo aquel que jamás –repito: JAMÁS- haya descargado nada de música de su ordenador.

                                                  Metallica: Lars Ulrich en los tribunales.

  13 - Para intercambiarla.

Este es un universo paralelo que colma de inesperada felicidad a todo aquel que se deja seducir pos sus premisas. Estamos hablando de las grabaciones piratas. Es cierto que en el pasado también podíamos incluir por aquí a aquellos que se dedicaban a piratear grabaciones originales –imposible olvidar aquellos maravillosos tiempos del rastro y las cassettes escondidas en el doble fondo del puesto de turno-, pero lo cierto es que actualmente esto está tan desfasado como el propio uso del cassette.
Sin embargo, el peculiar mundo de las grabaciones piratas en directo ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos de las descargas digitales y sigue manteniéndose tan vigente como hace treinta años. Curiosamente las nuevas tecnologías no han hecho más que ampliar su radio de acción. Hace unos años solo había un reducido grupo de descerebrados que necesitábamos escuchar cada uno de los conciertos en vivo que interpretaban nuestros artistas favoritos. Un nutrido grupo de iluminados que han dedicado parte de su vida a intercambiar grabaciones de conciertos en directo dentro de su selecta y exclusiva congregación. Aunque siempre se buscaba la mejor calidad de sonido, lo importante era poseer las grabaciones de la mayor cantidad posible de los conciertos de la gira de tal o cuál artista para poder comprobar aspectos tan deliciosamente peregrinos y vitales como el repertorio de temas y su colocación durante la actuación, cómo sonaba la batería, si introducían alguna variación o improvisación en algún tema –Dios bendiga a Ritchie Blackmore y a Ronnie James Dio-, y, por supuesto, cómo lo hacía el cantante. Entre otras muchas cuestiones. Actualmente el vertiginoso desarrollo de canales como Youtube no hacen más que profundizar en esas premisas que aquel elenco de visionarios ya tenían en cuenta años atrás. Todos tan contentos.


  14 - Para venderla.

Variante directa del apartado anterior. Aquí nos encontramos con todos aquellos miembros de esa élite selecta que tenía acceso a las grabaciones piratas y decidía venderlas a determinado público. Asunto siempre ilegal en cualquiera de los casos, puesto que ni se pueden grabar los conciertos en vivo ni tienes la propiedad intelectual de los mismos, pero que llenaba de satisfacción a todo aquel integrante menor de este mundillo que solo podía acceder a dichas grabaciones comprándolas.
Aquí hemos podido vivir todo tipo de situaciones, a cuál más surrealista y atómica. He llegado a encontrarme a gente que grababa el concierto de turno –siempre sin los permisos pertinentes, conviene recordar- y te pedía la exclusividad para que, en caso de comprárselo, no se lo grabases a nadie; el colmo, resulta que grabas una actuación que no permite la ley, la vendes sin haber pagado ningún registro y…pretendes que el que te la compra no se la deje a nadie más. Delirante y tan cierto como la vida misma.
De cualquier modo, la irrupción de internet ha herido de muerte a estos camellos musicales. Una gran cantidad de conciertos piratas aparecen a diario en la red, prestos a hacer las delicias de todo aquel que los quiera escuchar. Nuevos tiempos. Imagino que nuestro encantador amigo se lo pensará dos veces antes de pedir la exclusividad de sus grabaciones.


  15 - Los que se compran las novedades de la tienda de discos.

Pocos, muy pocos. Esta tribu, en seguro peligro de extinción, no se complicaba mucho la vida elucubrando sobre los distintos discos que salían al mercado. Se dirigían a su tienda de discos de confianza, preguntaban al dependiente las actualizaciones y  novedades pertinentes mientras sacaban su tarjeta de crédito y listo. En nuestra actual situación de crisis encontrar a estas personas puede ser tarea difícil; aunque haberlas, seguro. Yo mismo tuve el privilegio de pertenecer a esta distinguida aristocracia musical en un lejano tiempo lleno de inocencia y falto de cargas y compromisos…y con nómina, claro.


  16 - Para tener música que escuchar en el coche, equipo musical del salón de casa, ipod…

Esta puede ser una de las poblaciones más numerosas que habitan dentro de nuestro adorable mundo musical actual.  La constituyen todos esos oyentes que no experimentan una pasión especial por la música pero les gusta disponer de ella para sus quehaceres diarios, para tenerla como hilo de fondo mientras pasan por la vida. Lo cierto es que siempre han existido desde que la música se puede adquirir, lo que ocurre es que las nuevas tecnologías de estos últimos años han abonado su presencia.
A estas personas les gusta la música y la disfrutan, eso resulta obvio, por lo que también estiman oportuno el hecho de recopilar material discográfico para poder escucharlo en los diferentes momentos de su día a día. El asunto reside en que no tienen un deseo especial de profundizar en lo que escuchan, se trata más bien de disponer de hilo musical mientras conducen, se desplazan a distintos lugares, limpian, cocinan y un sin fin de diversas ocupaciones de la más variada enjundia. No necesitan reproducir discos específicos, ni orden de canciones, ni siquiera les complica demasiado el artista que vaya a sonar; la idea es la de disponer de música para que suene. En estos tiempos que corren la aparición de los distintos soportes para reproducir música, como el ipod, el iphone o el ipad, permiten hacer sonar la música sin orden ni concierto. Y es que, para más inri, están pensados para que las canciones suenen desordenadamente. Si pretendéis que un mismo disco se reproduzca en el orden adecuado dentro de un ipod os podéis volver casi locos, estos maravillosos cacharros están programados para generar una suerte de caos aleatorio a la hora de reproducir música. No obstante, existe una manera de conseguir mantener el orden de las canciones de cada disco y de cada artista en este universo del dislate, lo que ocurre es que hay que pasar por la travesía del desierto que supone grabar un nombre y un orden específico en la matriz de cada canción; de cada canción!... una por una. Todo esfuerzo es poco a la hora de alcanzar el anhelado fin de conseguir reproducir en tu ipod los discos de cada artista en su orden adecuado. Y luego resulta que los raros somos los que pretendemos mantener el orden de cada cd entendiéndolo como una obra de arte en sí mismo. Nos hemos vuelto locos.



  17 - Como necesario soporte para poder realizar otras actividades.

Variante del apartado anterior. Aquí nos encontramos con gente que acumula música para realizar distintas actividades relacionadas con la misma. La música es un bien de la humanidad y es necesaria para poder realizar programas de radio o televisión, exposiciones, proyecciones, charlas, mítines y, en definitiva, para llevar a cabo casi cualquier actividad en la que se reúnan un grupo de personas.  Así es la música, estrechamente relacionada con el poder y el arte de la palabra.


  18 - Para ponerla en sus distintos negocios.

Bares, pubs, salas de espectáculos, tiendas de ropa, supermercados, peluquerías... Nos parece lo más normal y natural acceder a cualquier establecimiento mientras escuchamos música de fondo –esa que probablemente haya recopilado cualquier persona perteneciente a uno de los anteriores apartados-, incluso hay determinadas tiendas de ropa que directamente parecen discotecas y en las que, cuando entras, el cuerpo te pide tomarte una copa antes que probarte un vestido. 
No podemos olvidar, dentro de este apartado, al fantasma del inspector de la SGAE. Ese personaje, mezcla explosiva entre cantautor estreñido y cobrador del frac, que vigila como espía contumaz cada peluquería de barrio para comprobar que los dueños han pagado el diezmo pertinente a su patrón.


  19 - Los que adquieren principalmente recopilatorios.

Personajes peculiares. Esa gente que se interesa por la música, desarrollando inquietudes y curiosidades por la misma, y que desea conocer algo más de aquellos artistas que le llaman la atención. Ante el abismo insondable que supone el hecho de investigar y bucear entre la producción discográfica del bendito e interminable abanico de propuestas musicales, opta por la vía rápida: adquiere recopilatorios. Esta puede ser una buena manera para conocer algo de la música de aquellos grupos por los que siente curiosidad. Esta especie es heredera directa de aquellos a los que les pasan música los amigos, una vez que has descubierto algo que te gusta sientes el deseo de seguir explorando. El problema de los recopilatorios es el de siempre: muchos grupos esconden verdaderas joyas en el fondo de su catálogo en forma de canciones que jamás aparecerán en un grandes éxitos. De cualquier modo, una noble forma de descubrir música. Además, hay recopilatorios que molan un montón –que se lo digan a los coleccionistas-.



  20 - Los que solo se compran ofertas.

Un interesante sub apartado del anterior. Obviamente se trata de personas a las que de verdad les interesa la música, lo que ocurre es que su premisa básica y casi exclusiva es que solo comprarán material discográfico que se encuentren en las tiendas de segunda mano a precios asequibles. Benditas cubetas de vinilos y estantes de cassettes, que tantas alegrías nos habéis brindado a muchos de nosotros a lo largo de todos estos años.
Una vez más hoy en día hemos sustituido las pilas de cds y dvds usados por las páginas de tiendas virtuales de internet. Y, aunque siguen subsistiendo como pueden las ferias de discos y otros tinglados similares, el resultado final sigue siendo el mismo: adquirir un determinado disco de segunda mano por parte de alguien que se quiere deshacer de él.


  21 - Los que adquieren varias veces el mismo disco.

Disfrutas de la música y tienes una interesante hemeroteca sonora entre las paredes de tus dominios pero, de repente, te encuentras de viaje y sientes la necesidad inmediata de escuchar en el coche un cd que has encontrado en la estantería del área de servicio en la que has parado a tomar un café; cuesta cuatro euros y, aunque lo tengas en tu casa, lo compras y listos. Como este supuesto, muchos otros.
También podemos relacionar este perfil con el del coleccionista que puede llegar a comprarse un mismo disco un número casi infinito de veces por el hecho de poseer las diferentes ediciones que hayan sido publicadas en el mundo.
Cosas que tiene este ilógico y deliciosamente inexplicable mundo de la música. Ni que decir tiene que este perfil resulta directamente opuesto a aquel que solo tiene la música que le regalan.


  22 - Los que nunca han comprado un cd - vinilo - cassette jamás.

Se lo descargan por la cara todo. También se quejan si un concierto en directo cuesta dinero. En estos tristes tiempos que corren es un perfil bastante habitual.
Aunque no conviene caer en la tentación de meter a todo el mundo dentro del mismo saco. Nos podemos topar con el subgrupo de los que se quejan porque nadie compra música hoy en día, en el que se puede meter a mucha gente que realiza este tipo de comentarios casi a diario. Sería interesante preguntarles por la música que compran ellos.


  23 - Los que solo adquieren en cd aquellos discos que escuchaban en su época.

Sobre todo personas con una cierta edad que ya no siguen la música de hoy en día y se quedaron estancados en sus queridos años setenta, ochenta o noventa… incluso te puedes topar con gente anclada en los primeros años del siglo veintiuno. Para ellos es el mundo de las series medias de las grandes cadenas comerciales. Allí podrán encontrar un elevado número de cds originales que marcaron esa parte tan importante de las experiencias y sensaciones que marcaron toda una vida.


  24 - Para escucharla y disfrutarla.

Tienen un poco de algunos de los perfiles reseñados anteriormente. Ese grupo de personas que necesitan la música para entender la vida como el aire que respiran o el agua que ingieren. Comprenden a la perfección el poder vital de una buena melodía o de una interpretación virtuosa y necesitan sus sonidos para caminar por el sinuoso pero apasionante recorrido de nuestra existencia. La necesitan para pintar momentos y colorear sensaciones que quedarán grabadas a fuego y les acompañaran durante todo el camino. Definitivamente convierte nuestro devenir en algo un poquito más delicado, loco  y hermoso.