Volvemos con esta sección que
aborda de manera tan subjetiva, irreverente e imposible los diversos avatares
de la cuestión musical que tanto nos apasiona a muchos de nosotros. Esta vez
hemos decidido darle una nueva vuelta a la tuerca, sin miedo alguno a pasarnos
de rosca, para abordar los motivos y usos usos que le podemos dar a una canción
tan inmortal como es “Smoke On The Water”. Si nos ponemos a pensar en
aquellas canciones que han alcanzado un éxito, trascendencia y reconocimientos
por sí mismas, estarás de acuerdo -estimado lector- que “SOTW” es una de
las primeras de la lista.
“Smoke On The Water” pasa por ser la carta de presentación de sus creadores, el
grupo Deep Purple, pero también puede definir sin despeinarse todo un
género musical. Ha pasado el test del tiempo con grado de excelencia y se puede decir que es uno de
esos temas conocidos por todas las generaciones que le han sucedido; vamos, que a todo el mundo le suena o conoce. Una canción más grande que la vida. Esto
no solo lo suscribe este humilde escriba, caso perdido para la sociedad -Barón
Rojo dixit- y enfermizo apasionado del Rock, sino que otras
gentes, organismos y asociaciones de la más variada enjundia se rinden ante las
cotas de popularidad del mítico tema de los Purple. Como pequeño botón
de muestra nos encontramos una encuesta realizada en 2008 entre los alumnos de
la prestigiosa escuela musical de Londres, Tech Music School, en la que
resuelven que el inicio de “Smoke On The Water” es el mejor riff
de Rock’n’Roll jamás
grabado. Esto no está al alcance de cualquiera.
No quiere decir esto que la canción que se inspiró en el humo que produjo sobre el bucólico lago de Ginebra el famoso incendio del casino de Montreaux un 4 de Diciembre de 1971 durante una actuación de Frank Zappa sea la mejor composición de la historia de la Música,
de hecho los propios Deep Purple tienen en
nuestra humilde opinión doscientas canciones mejores, aquí nos referimos al
grado de popularidad y la impronta alcanzada que la hacen reconocible a nivel
mundial e incluso bandera de todo un estilo de música; es por esto que la hemos escogido para este deslavazado
intento de artículo. Sin pensarlo demasiado hemos reunido unos dieciocho usos,
que van desde los más obvios hasta los solo imaginables por mentes que rayen la
esquizofrenia; lo que sí os podemos asegurar es que para cada perfil de los que
vamos a desarrollar a continuación hay ejemplos reales, algunos de ellos tan atómicos como descolocantes. Nuestro agradecimiento a esos seres de luz que abren
inesperados caminos para el resto de nosotros, pobres mortales, dándonos vida y
nuevas perspectivas.
Por supuesto no todo el mundo
estará de acuerdo con estas aseveraciones; sin problema, contamos con ello. No le
puedes caer bien a todo el mundo y pretenderlo es tan ridículo como estéril. Para
todo el que quiera y sienta curiosidad, te invitamos a zambullirte hasta el
fondo en el surrealista universo “SOTW” que aquí te retratamos. Y si
además se te ocurren otras cuestiones relativas al motivo de este artículo, te
animamos a que las compartas con todos nosotros. Feliz verano.
Porque le gusta.
Este vendría a ser el uso más
evidente y más de Perogrullo, si se me permite la expresión, que cualquier
avezado oyente le daría a esta canción y a cualquier otra; la música es un
descubrimiento maravilloso que en su día realizaron la intuición y el intelecto
humano y que nos lleva colmando de felicidad a muchos de nosotros, adictos sin
remedio a su suculento y vital picotazo. El funcionamiento del dispositivo es
muy sencillo, que no simple: la música fluye libre por el universo en sus
propios parámetros espacio-temporales y alguien con el talento necesario se
ubica en sus mismas coordenadas para extraer la inspiración creadora que la
transforma y la lleva a nuestro lenguaje auditivo. De pronto, y sin una
explicación empírica razonable, tenemos una canción. Los que saben del asunto
técnico la graban, los mercaderes de turno la ponen a disposición del personal
-siempre buscando el beneficio económico y la pertinente explotación
empresarial, nada nuevo bajo el sol de nuestra triste condición humana- y
finalmente acaba entrando por la oreja de cualquiera de nosotros por el canal
más insospechado. Se ha producido la magia de la música y ahí estás tú para
degustarla. Y algo se haría bien con “Smoke On The Water”, que ha
alcanzado un estatus de éxito y reconocimiento solo destinado a un selecto
puñado de canciones escogidas.
Lo lamentamos; ya nos hemos puesto
filosóficos desde el principio, por lo que auguramos que muy pocos seguirán
degustando esta sucesión de letras, pero... así está el patio. Mira, igual que
la propia música: lo que para unos es sublime, para otros es basura. La vida
misma.
Para disfrutar.
Pues claro que sí, siempre es
saludable y necesaria una pizca de diversión. Las personas vivimos más,
mejor y de manera más intensa cuando saluda la sonrisa; no hablamos de esa
mueca que muchas veces nos vemos obligados a impostar en nuestro día a día o
por los estúpidos convencionalismos sociales, nos referimos a esa sensación tan
sincera como sencilla que sale de tus adentros de la manera más casual y que
irremediablemente acaba en sonora carcajada… y si ocurre en esos momentos en
los que supuestamente debes permanecer serio, obligado por las muchas veces
ridículas reglas sociales, esa sonrisa furtiva se disfruta todavía más. En
serio, tener una actitud alegre y positiva ante la vida te ayuda y predispone
de la mejor manera para recorrer sus muchas veces enrevesados vericuetos. Hasta
hay estudios -es que hay estudios para todo, oiga- que demuestran que las
personas felices y con actitud positiva ante la vida suelen gestionar mejor los
problemas… y hasta vivir más años.
Si hay un sitio por excelencia
para disfrutar y dar rienda suelta a todas tus emociones, hasta las más
escondidas, ese es un concierto… de Rock, a poder ser; ya se sabe,
aunque aquí respetamos a casi cualquier género musical, aquí la cosa va de caña. Y si
tenemos en cuenta que la mayor parte del público aumenta su excitación cuando
suenan aquellas canciones que más conocen y aman, cuando llega el turno de “Smoke
On The Water” -la toquen los propios Purple o cualquier grupo de versiones en general- el patio de butacas se viene abajo. No es broma, el que esto
escribe ha tenido el placer de contemplar con pupilas ojipláticas como una importante parte de la audiencia se vuelve on
fire cuando suenan los primeros acordes de “SOTW”. Esto también
daría para pensar un poco, pagas por ver una actuación de cualquier grupo en
directo y hay gente que parece que no se está enterando de nada hasta que suena
“SOTW” o cualquier otra versión de esos clásicos que todo el mundo
conoce; ¿no conoces la música del grupo que has ido a ver?, ¿la conoces, pero
no te interesa?...entonces ¿para qué vas?, ¿te vale con disfrutar una sola
canción de todo un repertorio?, no sé. Desarrollaremos algunos de estos inquietantes
interrogantes más adelante, de hecho los abordamos en esta misma sección cuando
tratamos el tema de para qué va la gente a los conciertos.
Pero no solo del directo vivimos los pobres mortales, cualquier grabación de estudio te permite disfrutar de esas grandes canciones en el momento que estimes más oportuno. Es un verdadero placer y disfrute dejar que la buena música, esa que te gusta tanto, se adentre en tu interior, te ponga en modo positivo y te alegre el día; por muy asqueroso que este se presente. Es cierto, el inmenso poder de la música eleva tu espíritu y te sube la moral más que el mejor antidepresivo. Si amaneces sumido en un día de esos de mierda no hay nada mejor que salir a calle, ajustar los cascos a tus orejas, seleccionar la versión de “Smoke On The Water” que aparecía en el disco en directo de Purple titulado “Come Hell Or High Water” y dejar que la sutil introducción a la guitarra de Ricthie Blackmore te vaya seduciendo hasta que el inicio del tema explota frente a un auditorio rendido a sus pies. Pocas cosas hay mejores que esto.
Para referirse a ella como muestra
de admiración, veneración o respeto.
Seguro que “Smoke On The Water”
no es el mejor tema de Deep Purple, desde luego que para este humilde
escriba hay muchas mejores en su abultada discografía, pero no es menos cierto
que es el tema más famoso, popular y representativo de la Púrpura
Profunda. Como ya hemos comentado antes no solo ha pasado a convertirse
en una especie de himno representativo del grupo, es que se ha acabado
transformando en la canción puede que más representativa y definitoria del Rock
duro. Es verdad que también
comparte pedestal con temas como “Starway to heaven”, “Still loving you”, “Keep a knocking”,
“Great balls of fire”, “Doctor doctor”, “Whiskey in the jar” y otras
cuantas escogidas, pero para el que esto escribe -siempre opinión personal, no
se busca sentar cátedra con este escrito- “SOTW” está un pequeño escalón
por encima de todas las demás en cuanto a éxito y reconocimiento. Por Dios,
pero si hasta hay peña que tararea el archiconocido inicio: mi sol
la / mi sol la# la / mi sol la / sol mi, o sea: tan tan
tán, tan tan ta tán, tan tan tán, tan tan… si saber ni de qué grupo es. Que
esa es otra cuestión digna de estudio: cuando un grupo/artista alcanza lo que
podríamos denominar como mega estrellato, resulta que la gente paga por asistir
a sus conciertos, compra camisetas con sus nombres serigrafiados y se les llena
la boca refiriéndose a los mismos. De conocer su música, poseer o al menos
escuchar sus discos, poquito. Auténticos ternascos que pastan por los vastos
campos de la ignorancia más atrevida y estúpida mientras se ponen en triste
evidencia en cuanto abren la boca. Pero no les importa esto demasiado, se
sienten reconocidos dentro de la autocomplaciencia de su inmenso ombligo cuando
son aplaudidos por la caterva de palurdos que les ríen las gracias y que tienen
el mismo desconocimiento supino sobre las propias cuestiones que vociferan con
su irritante y pedante condescendencia. Resulta que charlas de modo casual con
alguno de estos sujetos sobre el grupo que supuestamente idolatran y sucede que no tienen ni puta idea de su música; como mucho se habrán trabajado alguna
de sus canciones más famosas, en el caso de Purple este “Smoke On The
water”. En fin.
Pero no desanimarse. Por otro lado
tenemos a personas validísimas, que imparten lecciones vitales cada vez que toman la
palabra y que no dudan en rendirle sentido homenaje tanto a la importancia de “Smoke
On The Water” como a los propios Deep Purple dentro del devenir de
la Historia de la Música. Es normal referirse a “SOTW” cuando
quieres elogiar la música del mítico grupo británico, ya que es su referencia
musical más inmortal. Desde periodistas, cineastas, políticos, escritores,
pintores y demás artistas hasta gente relacionada con la propia industria
discográfica como productores, ingenieros, técnicos o CEOs de compañías
discográficas -estos últimos seguro que los menos sinceros y más interesados-
no tienen problema alguno en rendir el merecido culto y pleitesía a tan
inmortal canción cuando han sido preguntados. Sin ir más lejos, la prestigiosa
publicación Rolling Stone ha reconocido a “SOTW” como uno de los
mejores himnos de la historia del Rock. Y, por supuesto, los propios
músicos, pero esto merece comentarse en un apartado exclusivo dedicado a ellos
que desarrollaremos más adelante.
![]() |
| Ritchie Blackmore. El creador del riff inmortal. |
Para aprender a tocar la
guitarra.
Todo un clasicazo. Esta es una
pregunta para todo aquel que en algún momento de su vida haya dado sus primeros
pasos aspirando aprender a tocar una guitarra: ¿quién no ha intentado pulsar en
los trastes para hacer sonar la introducción de inicio del “Smoke On The
Water”? Claro que sí: todos. Esta pregunta en un principio se podría
realizar a gente que le guste o haya escuchado alguna vez Rock, pero
pienso incluso que se le puede realizar casi a cualquier sujeto que sienta o
haya sentido alguna vez el más mínimo tipo de inquietud por la cuestión musical.
Si hay un riff icónico por excelencia y conocido mundialmente, ese es el
del inicio de “SOTW”. No es broma. Esto no lo pensamos solo cuatro
tarados enganchados sin remisión a la causa de Deep Purple y de toda su
numerosa saga musical, numerosos eruditos del asunto este del Rock’n’Roll,
prensa musical especializada -que no está del todo claro que realmente
entiendan algo del asunto este del Rock’n’Roll-, ejecutivos de la
industria discográfica -estos seguros que todavía entienden menos del susodicho
asunto-, locutores de radio, productores, ingenieros, promotores y demás gentes
que tienen una relación más o menos directa con estas músicas que nos vuelven
locos a algunos de nosotros son de opinión similar con respecto a la grandeza e
impronta atemporal del manido riff que salió un día de la cabeza y del
talento del guitarrista Ritchie Blackmore. Si incluso hay tiendas de
instrumentos musicales en las que se prohibe tocar el susodicho inicio de
canción, pero esta delirante cuestión mejor la desarrollamos en otro apartado
específico.
Qué recuerdos de jovenzuelo
queriendo aprender a tocar la guitarra. Antes, que no había internet ni otras
mierdas por el estilo, para cualquier joven efebo que necesitaba extender su
pasión por la música a lo largo del mástil de cualquier cosa que se pareciese
mínimamente a una guitarra, tenías que tirar de escuchar una y otra vez los
discos -en muchos casos cassettes grabadas- de tus artistas preferidos para
intentar emularlos. No había fácil acceso a estudios reglados, de hecho si
querías aprender a tocar algo de Rock y Heavy te miraban como si
ya fueses un peligro social carne de reformatorio. En el fondo esto de escuchar
una y otra vez las canciones es una de las mejores escuelas para educar a tu
oido, esencial por otro lado para poder hacer y disfrutar de la música en una
dimensión superior. Y una vez que te sumergías de cabeza en esta dirección, uno
de los primerísimos pasos era tocar el “Smoke On The Water”. Luego, si
eras capaz, tenías ganas, muchas horas que invertir y talento, llegabas a abrir
las verjas y entrabas en el paraíso musical… y, solo si seguías por ese camino
y te había tocado el dedo divino, podías llegar a convertirte en uno de esos
genios escogidos que ofrecen al resto de la humanidad algo único y que les
puede hacer un poco más felices.
Para tocarla en tiendas de
instrumentos musicales.
Como antes se ha comentado, sucede
que “SOTW” es una canción tan famosa y reconocida en el mundo entero que hay tiendas
de instrumentos de música en las que están colgados carteles al lado del
apartado de las guitarras eléctricas en los que reza una sentencia que más o
menos viene a decir que está prohibido tocar el inicio de la canción “Smoke
On The Water”; imagínense cómo estará el asunto. Uno se puede imaginar con
meridiana claridad al dependiente de turno de la tienda cuando asomen por allí
unos chavalitos con pasta en los bolsillos/tarjetas y, para probar la guitarra
que les haya llamado la atención, comiencen a hacer sonar ese tan tan tán... una vez más. Bonita broma que deja claro el
marchamo de inmortalidad de dicha tonadilla.
Hay canciones que son buenas,
coquetas, que te llegan a la primera escucha, pero que si las pasas por tu oreja un
número elevado de veces puedes llegar a cansarte de ellas; cada uno considerará
por sí mismo cuántas veces se puede considerar dicho número de repeticiones
como elevado, seguro que los umbrales de dolor son muy heterogéneos. Y “SOTW”
cumple todos los requisitos para estar dentro de ese selecto grupo de
canciones. Para un buen puñado de seguidores de Deep Purple, que llevan
escuchando su música toda la vida -algunos incluso todos los días de su longeva
vida-, es verdad que este clásico inmortal de Purple puede llegar a
desfondarles en determinados momentos. Esto es algo que le puede ocurrir a
todos aquellos fans que disfrutan escuchando las grabaciones piratas del grupo púrpura;
vamos, los cutremente llamados bootlegs… es que hoy en día anglicicamos
hasta la sandez más ridícula buscando igual resultar cool, aunque esto
solo te haga parecer más bien un triste palurdo que se vanagloria de ser lo más
in. En fin.
Este humilde escriba sin ir más
lejos, tras años y años escuchando una y mil veces los diversos discos y
piratas de Deep Purple, cuando se acerca el final de concierto grabado
de turno y comienza la mítica canción objeto de nuestra vasta disertación, hay
veces que siente en su piel una sensación de apatía debido a la sobreexposición
de tan letal riff. Sin embargo, no te sucede lo mismo tras escuchar cien
mil veces cosas como “Child in time”, “Space truckin” o “Anya”,
por citar algún ejemplo rápido. De este modo, uno se puede poner sin problemas
en la piel del sufrido vendedor de guitarras de turno, hastiado de la vida cada
vez que va cualquier tocacuerdas a preguntar por los determinados
modelos del preciado instrumento, pide sostenerlo entre sus manos y sus dedos
casi de manera inconsciente se van al mástil para iniciar el diabólico riff.
Y si le acompañan los colegas, mucho peor; la demostración musical purpeliana
estará asegurada.
Para tocarla en eventos
sociales.
Todavía los del apartado anterior
tienen su excusa para tocar “SOTW” en cuanto una posible nueva guitarra
llega a sus manos, esa posible nueva adquisición tiene que probarse mínimamente
y tú, como vendedor, lo sabes. Más peliaguda resulta la situación en la que en
cualquier tipo de reunión social aparece uno de los integrantes de dicho grupo
con su guitarra bajo el brazo y presto a demostrar sus dotes artísticas al
resto del personal. La cosa sin duda promete salir del umbral de la
indiferencia.
Aquí pueden solaparse diversas
casuísticas. Por un lado tenemos a gente que toca la guitarra, normal, bien,
muy bien o que te cagas y el improvisado público simplemente desea escuchar a
la persona poseedora de ese talento en su medio natural. Es lo que muchas veces
sucede en los locales de ensayo, que los amigos de los músicos van a
escucharlos tocar; siempre que sean bienvenidos en las instalaciones, que suele
ser lo normal. Benditos locales en los que se han pasado horas de diversión y
plenitud, tanto por los músicos como por los allegados oyentes que los visitan;
de hecho hay gente de los propios grupos que te suele decir que muchas veces
hay determinados ensayos que salen mejor y son más gratificante que las propias
actuaciones en vivo. Si tienes la suerte de poder llamar amigo a uno de esos
músicos tocados con el dedo divino para tocar música, entenderás de inmediato
lo que aquí se está comentando. Incluso esa gente poseedora del talento de la
interpretación no suele gustar de tocar su instrumento en reuniones sociales,
disfrutando de la tranquilidad de una charla en lugar de colocar una
demostración virguera con calzador donde muchas veces no procede. Normal, saben
lo buenos que son y no necesitan llamar la atención en encuentros sociales.
Por otro lado tenemos la vertiente
contraria, esto del Ying y el Yang es tan humano como la vida misma. Hay
sujetos que anhelan tocar la guitarra, lo intentan e incluso llegan a sacar
algo de mínima enjundia de sus cuerdas, pero nunca van a llegar a la sustancia…
y lo saben. Les toca aceptar vivir en esa especie de dicotomía perversa del quiero
y no puedo que les frustra. Son los peligrosos, en cuanto detectan la más
mínima posibilidad de sentirse centro de atención en una categoría que no les ha aceptado van a
revolcarse en ella con todo su ser. Estos peculiares seres no dudarán ni un
nanosegundo en sacar su instrumento hábilmente habilitado para la ocasión y
deleitar al personal que casualmente haya tenido la mala fortuna de coincidir
con ellos en las mismas coordenadas espacio-temporales dentro de una estancia
cerrada con su intrépido repertorio musical. En estos casos de encerrona total
y sin posibilidad de escape, “SOTW” suele ser una de las piezas
utilizadas para la tortura.
Para tocarla en el momento más
insospechado.
Evolución pasada de vueltas del
apartado anterior. Vas caminando por la vida y de pronto, a la vuelta de
cualquier esquina, te puedes encontrar a cualquiera agarrando una guitarra y
tocando música, generalmente para recaudar algo de dinero. Te montas en el
metro, te acomodas de la manera más cómoda o menos incómoda que las condiciones
del vagón te permitan y en el momento más insospechado aparece cualquiera con
un micro, un altavoz, una guitarra, una flauta de pan, un ukelele o cualquier
otro engendro ideado por la muchas veces perversa mente humana, dispuesto a calzarte
su particular concierto. Esto puede ser especialmente irritante si ya llevas tu
propia música incorporada en tus auriculares; porque, solo es un suponer, puede
que no te apetezca escuchar el sonido pasado de decibelios que salga de la dichosa flauta de bambú…
incluso puede que lo detestes en sí mismo. No pasa nada, El elevado sonido de
nuestro nuevo mejor amigo te obligará amablemente a que dejes de disfrutar tu
música y pases a escuchar su arte sin que tan siquiera haya pedido tu opinión. Cosas
del arte y de los artistas. Aunque “SOTW” ha sonado y seguirá sonando
dentro de los repertorios de estos artistas urbanos, todavía no me he topado
con una versión del clásico inmortal de Purple interpretado por
cualquier aerófono. Mira, igual hasta mola.
Pero el poder mortífero de “Smoke
On The Water” puede ir más allá. En otro tipo de contextos tan inesperados
como inexplicables puede emerger de la nada cualquier misterioso desconocido
que decida que es buena idea compartir con el resto de sus supuestos semejantes
sus dotes musicales. El que esto escribe tuvo el dudoso placer de disfrutar de
un improvisado concierto para voz y guitarra española solista interpretado… en
un cursillo de formación laboral… por uno de los propios educandos … sin aviso
previo. Nuestro inesperado elemento asistió a la última ponencia de una
actividad de esas de formación que te obligan de manera amable a realizar en tu
actividad remunerada, con su guitarra bajo el brazo, y nos endiñó un mini
concierto de esos que no se olvidan. No bromeo, es todo verídico. Por supuesto,
una de las piezas que no faltó fue la que ya supones: “Smoke On The Water”.
![]() |
| Artefactos ideados para arruinarte el día si te topas con ellos. |
Porque es famosa.
Que “Smoke On The Water” es
una canción famosa y reconocida en el mundo entero es una verdad difícilmente
refutable. Desde que se publicó en 1972 lleva sonando a lo largo y ancho del
mundo entero. Y lo más curioso es que cuando el propio grupo la grabó no pensó
en ella como en un éxito potencial, de hecho ni siquiera la sacaron como single
de promoción. Recordamos que se publicó dentro del álbum “Machine Head”
en el año 1972, otro clasicazo de Purple y del Rock en general,
pero no la usaron como punta de lanza del disco. Los dos primeros singles
fueron los temas “Never Before” y “Highway Star”. Hubo que
esperar hasta Mayo del año siguiente para que por fin saliera en formato
single, una vez en el mercado el directo “Made In Japan” y la
consiguiente explosión total en cuanto a popularidad y ventas del grupo. Se
publicó el single de vinilo en sus dos versiones: en estudio y en directo.
Para definir un género musical.
“Smoke On The Water” ha conseguido alcanzar tal repercusión a lo largo de todos
estos años que ya no es solo un tema musical que aparece dentro de un disco,
sino que ha llegado a la categoría de marca por sí mismo. Se puede decir sin
miedo al equivoco que es una de las pocas canciones que pueden usarse como
punta de lanza para especificar un género musical; el Rock, por
supuesto.
Y si hablamos de las canciones que puedan usar los profanos en cuestiones musicales si son ellos los que quieren referirse a estas inquietudes de denominación y/o explicación del asunto polifónico, todavía es más claro el uso de “SOTW” cuando se quiere hablar de Rock. Normal, el abanico de conocimientos se reduce en ocasiones hasta el extremo más sucinto y, cuando se domina poco o nada el propósito sobre el que quieres departir, ahí aparece “SOTW” raudo y veloz al rescate de nuestro encantador interlocutor de turno.
Como protagonista/banda sonora
de eventos, homenajes y todo tipo de causas musicales y extra musicales.
Nuestro manido pero querido “Smoke
On The Water” también se suele usar como punta de lanza para eventos de
variado pelaje, reuniones celebrativas, ofrendas, premios o para mil y una causas
benéficas. Nada mejor que uno de los temas más reconocidos de la industria
discográfica para su uso de las formas más delirantes que pueda elucubrar el
siempre insondable intelecto humano.
![]() |
| Nuestro hombre engalanado para la ocasión y besando solemne un nabo. |
Pero dejando de lado las
hortalizas, podemos comentar diferentes eventos e iniciativas que han tenido a “Smoke
On The Water” como invitado especial. Sin ir más lejos, recordamos el disco
que se grabó para ayudar a las víctimas del terremoto de Armenia ocurrido en el
año 1988. Un elenco de músicos de Rock duro se reunieron para recaudar
dinero que ayudase a la reconstrucción de la zona objeto de la catástrofe
natural. Bajo el título de “Rock Aid
Armenia” se publicó una nueva versión de SOTW realizada para la
ocasión un buen puñado de músicos de esos de los de categoría especial. Incluso
los propios creadores de la canción, Ian Gillan y Ritchie Blackmore,
participaron en las sesiones de grabación… en días distintos, para no verse las
caras, ya que por entonces estaban especialmente discutidos.
Para lograr un récord guiness.
Es tan atemporal esta conocida
canción que hasta la utilizan los propios Deep Purple para fines más
allá de incluirla dentro de los setlist
de sus giras y actuaciones en directo; bueno, en realidad forma parte de
alguno de esos usos delirantes que nacen de cabezas tan desestructuradas como
sorprendentes.
Uno de esos atómicos e imposibles
usos es el que se le ocurrió a alguien que decidió juntar en un lugar y momento
determinados a un ingente número de guitarristas para interpretar a la vez en
directo el mítico "SOTW". Sí, sucedió en Vancouver durante el
año 1994. El lumbreras que parió
semejante extravagancia decidió un día que era buena idea reunir a todos los
músicos posibles para tocar a la vez el mundialmente famoso riff que da
comienzo a “Smoke On The Water”. La idea era lograr una marca que se
pudiese inscribir en el Libro Guinness de los Récords. Los motivos que
pueden mover a algunos sujetos a realizar las sandeces más disparatadas el
mayor número de veces posible por el mero hecho de aparecer en un ridículo
libro que los registra es algo que se me escapa por completo y que vuelve a
demostrar sin apenas esfuerzo todas las disparatadas contradicciones que
alberga la siempre impredecible condición humana.
Y en estos menesteres, algo tan
mundial como “Smoke On The Water” no se iba a quedar de perfil. Una de
esas mentes inasequibles al desaliento se remangó y se metió en harina hasta el
corvejón. Ni corto ni perezoso logró reunir en la capital canadiense a 1322
guitarristas -sí, mi sufrido lector, has leído bien: mil trescientos veintidós-
interpretando al unísono tan reconocible tema. Gentes de todas las edades con
su instrumento en mano y preparados para comulgar en una sagrada comunión junto
a esos iguales en cuyas cabezas también tiene sentido la sagrada misión para la
que han sentido la llamada. Lograron el récord, ya lo creo. Para no echar gota.
Imagínate que eres uno de esos mil y pico guitarras. Eres un joven efebo que
vives en la tierra del tío Sam; una buena mañana te levantas, desayunas
tu bagel o la grasa saturada que acostumbres en ese momento del día y
les dices a los seres queridos que comparten espacio vital diario contigo que
te vas a una convención de músicos para tocar juntos y a la vez el “SOTW”.
Impagable será contemplar el semblante que se le quedará a tu progenitor,
pensando en el dinero que ha invertido en tu educación y vislumbrando con
horror mientras un sudor frío recorre su espina dorsal que tal vez el carísimo
colegio privado que te costearon durante todos estos años igual no ha dado los
frutos que ellos esperaban.
Pero lo más cachondo del asunto es
que… años después el récord fue superado. En efecto, un tres de Junio de 2007
se reunieron en la localidad americana de Kansas City la friolera de 1721
músicos con su hacha eléctrica entre las manos para seguir con semejante
dislate sónico que les llevase a inscribir su nombre en el librillo de marras.
Poco dura la alegría en casa del pobre, ya que un nuevo récord apareció para
desbancar esta nueva marca… tan solo veinte días después. En la localidad
alemana de Leinfelden-Echterdingen el grupo Party Blues in Bb logró
acompañarse de unos 1800 elementos que volvieron a hacer sonar las inmortales
notas que un día encontró dentro de su cabeza Ritchie Blackmore.
Finalmente, el 1 de mayo de 2009, en la localidad polaca de Wroclaw se unieron 6346 guitarras para elevar este singular y atómico récord a un nuevo nivel. Incluso contaron con la presencia del que por entonces fuera guitarrista oficial de Deep Purple. En efecto, Steve Morse añadió el sonido de las cuerdas de su guitarra a tan singular momento que se llevó a efecto durante el festival de música Thanks Jimi Fest. Si no puedes con tu enemigo, únete a él; eso debió pensar el bueno de Steve.
Pero no se debieron quedar a gusto los nobles habitantes de Wroclaw, al cabo de un tiempo les debió empezar a picar el culo de nuevo y decidieron montar otro macroevento en el año 2016 que reunió a 7356 guitarristas orgullosos de hacer sonar al unísono nuestro entrañable y atemporal riff. Cosas que pasan por determinadas cabezas humanas y que resultan de imposible comprensión para el resto.
“Smoke On The Water” y su poder letal. Por cierto, que alguien me explique dónde están las convenciones de músicos para interpretar cualquier cutre tema de cualquier cantautor, cualquier popero, reguetonero, indiero -o como coño se escriba- o incluso cualquier otro riff de Rock. “SOTW”, una música única, especial y de récord guinness.
Según el tipo de seguidor.
Para gustos los colores,
afirmación que engarza como anillo al dedo para este apartado. Cuantas más
personas contemplen una manifestación artística, más opiniones diferentes van a
ser generadas al respecto. De este modo, cuántas más orejas reciban entre sus
paredes una canción, aparecerá un mayor abanico de reacciones al procesarla; y
si hay una canción que tiene el marchamo de ser escuchada y conocida por un
número mayor de personas, esa es nuestra entrañable "SOTW".
El famoso tema purpeliano puede
que sea uno de esos pocos escogidos que atesora una popularidad tal que ha
logrado dar ese salto cualitativo que lo ha convertido en algo más grande que
la vida. Y cuando algo pasa a formar parte de un colectivo tan global, es
inevitable que los posicionamientos hacia el mismo sean de un variado tan
superlativo que incluyan un abanico de opiniones desde las más obvias hasta las
más imposibles o solo planteables por intelectos atómicos dignos de estudios
psiquiátricos. Y en el fondo esto es algo normal y propio de nuestra peculiar
naturaleza. Cuando algo es de fácil acceso y mucha gente opina, resulta
tentador tirarte al barro y compartir con el mundo tu propia opinión... aunque
no tengas ni idea de lo que hablas. Otra de las dudosas bondades de nuestro
nuevo mundo digital y global.
Aunque solo este apartado daría
para articular un artículo denso y completo en sí mismo, por ahora simplemente
vamos a acercarnos de manera somera a la superficie. Desgranamos a continuación
unos pocos subgrupos de esos que afloran en tu cabeza cuando piensas sobre esta
disquisición de manera frugal. Son estos:
Subgrupos:
Momento culminante de un concierto en
directo.
Para este tipo de sujetos la
interpretación de esta canción en directo suele ser uno de los momentos
culminantes -si no el que más- del concierto de turno al que haya decidido
asistir. Curiosamente se puede llegar a decir que estas personas no suelen ser
fans irredentos de Deep Purple, más bien se trata de buenas gentes que
no están muy familiarizados con el setlist
que se vaya a escuchar. El hecho de desconocer parte del repertorio
interpretado puede llegar a generar una cierta sensación de incomodidad y/op
agobio en el sentir de nuestro querido ínclito; pero no preocuparse, en cuanto
suenan las notas del inicio de “SOTW” todos los problemas desaparecen.
Nuestro protagonista se ubica, por fin conoce la que puede que sea la primera
canción de todo lo que lleva escuchado y se siente uno más de la masa. Benditas
actuaciones en directo, que nos insuflan pasión, dopamina y vida.
Agobiado cuando la tocan.
En este caso incluimos
precisamente al extremo opuesto del subapartado anterior. Aquí hablamos de
seguidores del grupo que llevan toda su vida escuchando a Purple y sus
discos superpueblan de manera excesiva las estanterías de sus respectivos
habitáculos. Para estos sujetos tan particulares y con los que este humilde
escriba se siente tan en comunión el momento “SOTW” no deja de ser algo
bonito, pero con un cierto regusto a predecible y a más de lo mismo. No te voy
a decir, estimado lector, que te asquee escuchar el temita en cuestión -o
bueno, incluso para algunos puede llegar a ocurrir-, pero no deja de ser uno de
los momentos más predecibles e insustanciales del show. Todo lo contrario al
subidón vital que te puede dar escuchar el inicio a las teclas del no menos
mítico “Child In Time”. Palabras mayores.
Por fin saben qué grupo suena.
Por supuesto, no podían faltar.
Evolución pasada de vueltas del primer subapartado. No es que ahora estemos
hablando de alguien que va caminando entre aguas inciertas durante el concierto
y se empodera en cuanto identifica la canción. No. Aquí nos referimos a esos
extraños sujetos que acaban asistiendo a un concierto en directo sin tener la
más mínima idea de lo que han decidido asistir/pagar por ver. En serio, algo
tan obvio como ser parte del público de algo que conoces y disfrutas ofrece estas
vueltas de tuerca tan imposibles; gentes que emplean/malgastan una hora y media
de su vida para formar parte de un evento musical que ni conocen, ni les
interesa, ni entienden, ni van a entender jamás. Es que queda uno tentado de
revisar con una segunda parte el artículo que publicamos por aquí hace unos
años cuando desgranamos algunos de los perfiles de la gente que decide asistir
a los conciertos en directo.
Pero vaya, que el sempiterno “SOTW”
vendrá una vez más al rescate para nuestro sufrido y/o inexperto oyente, ese
que se habrá decidido a ir al bolo por los
amigos, por salir de fiesta, por desidia, por complacer a su pareja… por
encontrar otra distinta o por otros mil motivos incomprensibles para muchos de
nosotros que aguardamos los meses expectantes y excitados deseando asistir al
cónclave músico vital de nuestro grupo o artista favorito.
La usan los propios músicos.
El patrimonio y disfrute de “Smoke
On The Water”, así como el del resto de las grandes canciones que pululan
por el universo, no es exclusivo de los seguidores y amantes de la Música
en general. Los propios músicos también son los primeros que disfrutan de las
diferentes composiciones e interpretaciones que les regalan sus compañeros de
pasión. Cada vez que un chavalín de cualquier parte de este loco mundo escucha
por primera vez esa canción que le vuela la cabeza, cada vez que se lanza a
rasgar por primera vez las cuerdas de nylon de una guitarra española barata,
cada vez que aporrea los tambores de detergente colocados al revés sin mucho
criterio pero con inusitado vigor o cada vez que vocifera su nueva melodía
favorita sin lograr colocar ningún tono en su sitio, se puede decir que el
sagrado bautismo de fuego del Rock se ha producido. Su punzante y
delicioso veneno ha penetrado por todos los poros de su piel y ya no hay vuelta
atrás… y qué duda cabe que en estos menesteres nuestra canción protagonista
tiene muchas veces mucho que decir, sobre todo si hablamos de músicos que
deciden aprender a tocar la guitarra; ni se sabe la de personas que lo primero
que han logrado pulsar en los trastes del instrumentos han sido los acordes de “SOTW”,
eso es algo que no se discute.
Luego, esos mismos músicos no tienen reparo alguno en reconocer la influencia que dichos artistas o canciones, léase “SOTW”, han tenido en su crecimiento musical y la mayoría de las veces también en el personal. Sin ir más lejos Lars Ulrich, batería de los conocidos Metallica, siempre ha mostrado su cariño y afecto hacia Deep Purple, reconociéndolo como uno de sus referentes. En el emotivo discurso introductorio del grupo púrpura cuando fueron estos últimos incluidos en el prestigioso Salón de la Fama estadounidense, reconoció cómo le voló la cabeza Deep Purple cuando los vio por primera vez en vivo; era un chaval y tras verlos actuar decidió dedicarse a la música. Por cierto, dicha ceremonia fue tan rocambolesca, disfuncional y atómica como podría esperarse de los miembros de Purple. Es bien sabido por todos que el guitarrista Ritchie Blackmore y el cantante Ian Gillan llevan toda la vida detestándose -estoy seguro de que este sentimiento sigue vivo y latente hasta el día de hoy- y pusieron todo tipo de trabas a una organización que ya de por sí es también bastante de hacérselo mirar. Blackmore no asistió a la entrega del premio -genio y figura- y Gillan, pese a hacer todo lo posible para no reconocerlo en público, tenía muy claro que no quería a Ritchie por allí. Todos los avatares de esta ceremonia y sus prolegómenos imposibles los documentamos en su día en estas páginas; en dos artículos que puedes ver aquí y aquí, semejante ocasión lo merecía. Para no echar gota, desde luego.
Además del batería de Metallica,
muchos artistas y grupos le han rendido homenaje a “Smoke On The Water” interpretándolo
en directo en infinidad de ocasiones. No nos vamos a poner a detallar cuántos
grupos pueden haber tocado este tema en vivo porque no acabaríamos nunca, pero
lo que está claro es que gracias a este tema inmortal se puede decir que sus
compositores tienen la vida resuelta en lo que al factor económico se refiere.
Solo vamos a poner como ejemplo al grupo que ha llevado esto del homenaje al
máximo nivel, hablamos de Dream Theater. Sí, el excepcional grupo de Hard
Rock Progresivo en su momento decidió rendir su merecido homenaje al grupo…
interpretando el clásico doble disco en directo “Made In Japan”… en su
totalidad! Casi ná. Esta gente de Dream Theater no se anda con remilgos
y va a lo grande. “Made In Japan” puede que sea uno de los discos en
directo más famosos y reconocidos de la historia del Rock, de hecho la
improvisación que Ritchie Blackmore realiza con su guitarra al inicio de
la toma de “Smoke On The Water” que ahí aparece puede que sea tan famosa
como la propia canción en sí.
Y no queremos acabar este apartado
sin recordar al también guitarrista Yngwie Malmsteen, el afamado músico
sueco es uno de los asiduos a esta especie de sección que compartimos con todo
el que la quiera leer a principios de verano. Malmsteen es un fan
declarado y confeso de Ritchie Blackmore y Deep Purple. En muchos
de sus conciertos nuestro virtuoso favorito de las cuerdas de metal hace guiños a la música de Ritchie Blackmore intercalando fraseos en momentos de improvisación e incluso gusta de interpretar en muchas actuaciones una versión completa de "SOTW". Cuando le preguntan el porqué de tocar
esa canción en su totalidad y no cualquier otra del catálogo de Purple con más
complejidad interpretativa, Yngwie suele contestar que es que realmente
le gusta esta canción y además es uno de los clásicos del Rock duro.
Punto. Cuando Yngwie habla, queda todo claro y dicho.
Como banda sonora para mil
cosas.
Este es un tipo de uso muy común
para la gran mayoría de oyentes del asunto musical; que la vida sin música
sería algo distinto a lo que todas las personillas que pululamos por nuestro
querido globo terráqueo conocemos lo entienden hasta nuestros queridos alumnos
de Educación Primaria… sí, incluso ellos.
El hilo musical nos acompaña en
nuestro día a día desde que nos levantamos hasta que nos acostamos y, seamos
más o menos conscientes de esta afirmación, lo cierto es que nuestra rutina
habitual está coloreada por las distintas sucesiones de notas musicales,
engarzadas con mucho, poco o ningún acierto. Desde que abres los ojos cada mañana
está ahí, de hecho a muchas personas les despierta cada amanecer una melodía
musical que emana de cualquiera que sea el dispositivo electrónico de turno que
tienen en la cabecera de sus camas con sus consiguientes ondas
electromagnéticas jodiéndoles poco a poco la salud. Sales a la calle y los
distintos sonidos pujan por entrar en tus orejas allá donde vayas; desde medios
de transporte, ultramarinos varios, centros comerciales, lugares de trabajo,
cafeterías, bares y prácticamente cualquier habitáculo social que haya ideado
la siempre perturbadora inteligencia humana. Esto es así, imposible discutirlo.
Incluso muchos de nosotros, adictos sin remedio al poder musical, ya salimos de
casa con nuestras respectivas bandas sonoras musicales incorporadas… algunos de
nosotros, casos perdidos sin solución posible ni plausible, todavía somos
capaces de dar un paso más allá y nos enchufamos a nuestra dosis diaria de
metadona musical desde el primer instante del despertar. Así está el patio.
Pero no hace falta tanta radicalidad,
bajemos un poco las revoluciones. En ese hilo conductor musical eterno que
emiten las ondas a lo largo y ancho del mundo entero se pueden escuchar un
abultado y variado número de canciones. Sin embargo sucede que, estimado
lector, si prestas solo un poco de atención te darás cuenta que no sirve
cualquier tonadilla musical para sonar en los reproductores que nos bombardean
a diario. Para que un tema musical pueda acceder a ese estatus de difusión
sónica, debe cumplir el requisito básico de ser popular. Y ¿qué es una canción
popular o famosa?, se preguntarán ustedes con ávida inquietud. La respuesta
debería ser sencilla: una canción popular tendría que ser un tema bonito,
bueno, bien compuesto, ejecutado y producido, que por su calidad le gustase a
muchísima gente. No obstante, me temo que esto no siempre es así. El retorcido
intelecto humano se ha inventado un buen número de cachivaches y métodos,
léanse los mass media, que van directamente encaminados a convencerte de
lo que sea que les interese… y, como un inquietantemente elevado número de
humanos cada día se esfuerzan un poco más en demostrar que son idiotas, pues es
más fácil convencer y/o engañar a los sujetos objeto de estas cuestiones. Esto
sirve para la Música y para cualquier ámbito de la vida.
El caso es que en el terreno
musical nos encontramos con una serie de grupos, artistas y canciones que por
los motivos que sea, válidos y nobles o no tanto, han conseguido subir el
escalón de popularidad que les ha ubicado en ese privilegiado lugar de conexión
global con la masa social. En este caso podemos afirmar sin miedo al equivoco
que “Smoke On The Water” es uno de esos pocos temas escogidos. Es por
esto que esta canción puede sonar en cualquier sitio y en cualquier momento del
día o de la noche, en el lugar más insospechado puede asomar el eterno riff de
inicio de tal vez la canción de Rock más conocida de todos los tiempos.
Puedes encontrarte comprando el pan, dentro de un autobús, viendo la tv en el
salón de tu casa, en un centro comercial o jiñando en los servicios del
último tugurio de la ciudad y que mientras te encuentres apretando en busca del
alivio te acompañe la sempiterna guitarra del inmortal Ritchie Blackmore.
Para publicitar productos.
Uso derivado del apartado
anterior. El hecho de que “Smoke On The Water” sea una de esas canciones
que casi todo el mundo conoce, la hace perfecta para intentar penetrar en tu
psique y convencerte para que hagas, compres -generalmente es esto lo que
buscan-, pienses, defiendas, digas o ejecutes lo que quiera que sea que los
dichoso medios de comunicación de masas se propongan. El propio Ritchie Blackmore,
creador de este inmortal himno además de tipo atípico, difícil y raruno
donde los haya, se ha mostrado contrario en multitud de ocasiones a estos usos
fraudulentos -para él y para muchos de nosotros- de su música dentro del
lenguaje publicitario. Recuerdo con mucho cariño cómo lo comentaba en una
entrevista que leí en la prensa musical especializada hace un montón de años;
hablamos de la era pre internet, el mundo era diametralmente distinto al
descontrol total que reina hoy en día en las calles y en las cabezas, por lo
que seguro que mucha gente joven y no tanto no entenderán nada de lo que se
exponga a continuación. Nuestro encantador Man in Black le
comentaba al entrevistador con su toque condescendiente y de sorna habitual que
deseaba tener bien atados los derechos de edición de su música, ya que no
quería que ninguna de sus canciones acabase sirviendo de banda sonora para
anunciar cartones de leche, papel higiénico, galletas o lo que fuese. Genio y
figura.
Lamentablemente Blackmore no
pudo salirse del todo con la suya. Por supuesto hay anuncios que han usado, y tributado
a los autores por derechos de emisión, el conocido tema musical. Ahí tenemos a Dodge,
empresa automotriz americana, que sacó un potente y cachondo anuncio usando el riff
de inicio del “Smoke On The Water” para publicitar sus coches. De
todos modos, ya que vas a tener que escuchar “SOTW” en la asquerosa
publicidad, mejor en un anuncio de coches que en otro de enemas.
No la conocen.
Pues sí, increíble e inquietante
al mismo tiempo. Mi sufrido y estimado lector; lo dudo mucho pero, si has
conseguido llegar hasta esta altura del tocho/texto que tengo el placer de estarte
endiñando, una de las cosas más claras que habrás podido extraer de su
lectura es el éxito y reconocimiento masivo que una canción como “Smoke On
The Water” ha tenido y sigue teniendo dentro del sentir colectivo de una
parte importante de la Humanidad, occidental sobre todo. Como ya se ha
comentado con anterioridad, no valoramos aquí la calidad musical y/o
compositiva del tema que nos atañe, nos limitamos a describir su grado de fama
y renombre adquiridos.
Cualquier profano en la materia
que de modo milagroso haya acabado arrastrando el ratón de su dispositivo
electrónico hasta este pequeño bosque rockero virtual se estará familiarizando
con la repercusión de “SOTW” y de su conocidísimo riff de
guitarra de inicio. En serio, es que hay gente que ni siquiera sabe qué canción
es ni de qué grupo, pero conoce dicho riff.
El caso es que, aunque su poder
letal se extiende por tierra, mar y aire, resulta que existe un grupo de gentes
que no conocen esta particular canción. Esto era un hecho inconcebible hace tan
solo unos cuantos años. Antes todo era distinto, colorido, vital y mejor. El
ser humano no era esa especie de palurdo/psicosociópata/sabelotodo/cantamañanas/ignorante
que se esfuerza por ser a día de hoy gracias a las nuevas tecnologías, el
internet y los dichosos dispositivos del más variado pelaje que viven día y
noche pegados a nuestra piel. Antes no había una red electrónica global y
mundial lavando cerebros e idiotizando a diestro y siniestro con sus
interminables canales de comunicación. Antes te podías juntar casualmente con
alguien, charlar y descubrir cualquier libro, película, cuadro, disco o canción
que te volase la cabeza; hoy en día todo el mundo cree estar asquerosamente
informado… incluso si desconocen algo te espetan sin el más mínimo rubor
aquello de: espera, que lo miro en el móvil. En fin.
Si nos centramos en el lenguaje
musical, antes el intercambio de impresiones, gustos y música -sí, cassettes
regrabadas encima cien veces que te trillabas en el caseto que tenías en
tu habitación o con los colegas en el parque- estaba a la orden del día y era
vital dentro de tu aprendizaje músico/vital. Si hablamos de Rock, o casi
de cualquier otro estilo musical, “Smoke On The Water” era uno de los
principales referentes a la hora de iniciar el conocimiento sobre cualquier
cosa que tuviese que ver con la saga Purple. No sé, era como un
delicioso rito de iniciación en el que te tirabas de cabeza hasta el fondo para
descubrir una nueva y más plena manera de entender la vida. En serio, canciones
como estas hasta las conocían los seguidores de otros estilos musicales que
incluso detestaban cualquier cosa que pudiese salir de una guitarra eléctrica.
Hoy todo ha cambiado. Nuestra
actual sociedad supermegahiperchachi desarrollada, en su afán de colarnos
una última nueva imagen más que acabe de destrozar nuestro cerebro y nuestras entendederas,
ha acabado fabricando una serie de mandriles en serie que vagan por los caminos
de la vida demostrando su total ineptitud en cuanto abren la boca. Una
educación de mierda y destrozada, unos progenitores tan mandriles como ellos
mismos que probablemente pensarían que eso de educar a sus vástagos era
responsabilidad de otros o las miles de desigualdades a las que nos hemos
acostumbrado gracias a la atrofia de nuestro cerebro pueden ser algunas de las
explicaciones básicas del devenir actual. En este contexto tan gris, resulta
hasta esperable que el desconocimiento musical campe a sus anchas. Pero esto es
marginal.
No obstante, no todo está perdido.
Seguro que en el mismo momento en el que estás leyendo esto, algún chaval de
catorce años esté haciendo sonar desde el móvil que sus insensatos progenitores
le han regalado la mítica canción de Deep
Purple. La bola vuelve a rular.
![]() |
| Gillan & Blackmore. |
Para hacer competiciones.
Nada mejor que el nivel de éxito y
reconocimiento de “Smoke On The Water” para iniciar una de esas
interminables discusiones de bar que tanto disfrutamos algunos de nosotros
y que agobian hasta el extremo a los que no participan de ella. Pocas
cosas hay mejores que disponer de unas cuantas horas de una tarde/noche libres
-no teniendo que madrugar al día siguiente- para pasarlas apoyado en la barra
del bareto más deliciosamente cutre
que puedas imaginar, charlando de manera informal pero documentada sobre los
mil y un avatares de la relevancia del “SOTW” y degustando esa bebida
que tanto disfrutas, seguramente en dosis superiores a las recomendadas, en
compañía de las personas adecuadas. Ignoro si hay estudios médicos,
psicológicos, sociológicos o antropológicos al respecto, pero os puedo asegurar
-sufridos lectores que deglutís esta interminable sucesión de letras- que
cuando los astros se alinean y puedes disfrutar una noche de estas
características, ganas tiempo de vida, muchos de tus males remiten y te invade
una sensación de bienestar y satisfacción difícilmente transcribible en papel o
documento word.
El clásico oponente de estas discusiones suele ser el tema “Starway To heaven” de Led Zeppelin. Imagino que esto se puede deber a una sencilla cuestión de coetaneidad entre Purple y Zeppelin, ya que ambas agrupaciones alcanzaron el éxito masivo en un momento similar y las comparaciones entre ellas han sido constantes pese a ser musicalmente muy diferentes entre sí. Es igual, todo el catálogo de los Zeppelin es brillante y ha pasado merecidamente el test del tiempo para convertirse en referente... al igual que Deep Purple; pero en esta discusión de reconocimiento mundial el caballo ganador sigue siendo nuestro adorable Ritchie Blackmore y su riff inmortal. Esto es un club de fans de Deep Purple, ¿no? ¿Entonces?
Como declaración de
intenciones y/o significarse en la vida.
Esta canción y su conocidísimo riff de inicio a la guitarra constituyen una seña de identidad cargada de una potencia que impacta por sí misma. Aunque ya hemos comentado antes que no pasa por entrar entre los mejores temas de Deep Purple ni por asomo, nadie puede negar que cuando estás disfrutando de un concierto en directo y, justo al inicio del bis tras unos minutos de sedienta espera por parte del público entregado, el guitarra sale solo al centro del proscenio con actitud desafiante, mira al infinito, coloca las yemas de sus dedos en los trastes adecuados y, tras una preciosista y leve introducción que va subiendo en intensidad, ataca las cuerdas con su púa dando forma al sacrosanto fraseo que retumba con inusitado poder por las paredes de todo el recinto, está dejando claras unas intenciones musicales con las que comulgamos a sangre y fuego a la vez que se eriza nuestra piel, se acelera nuestro corazón, se pone firme todo nuestro ser y se ensancha nuestro alma. Hablamos de Rock.










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