Clube de Adictos a Deep Purple

Púrpura Chess

This blog is basically a musical site. Here we talk about the music we like, using different angles. As dear and missed Jon Lord once said: “Music is the highest kind of Art that exists”. I think the same way too.

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miércoles, 12 de julio de 2017

REFLEXIONES METÁLICAS.



FESTIVALES DE MÚSICA. ¿Quién mucho abarca poco aprieta, o no?

La época estival en la que nos encontramos está jalonada por numerosos festivales de música. Hay para todos los gustos y estilos. En sus carteles se amontonan nombres de grupos de primer nivel que permiten hacer realidad el sueño de ver a varias grandes bandas en un par de días. Ahora bien, en estos festivales los grandes grupos –sobre todo si no son cabeza de cartel- no realizan un show tan completo como cuando actúan en solitario o con un telonero. Suelen tocar un set list más reducido, el espectáculo visual se minimiza bastante y algunas veces no ponen toda la carne en el asador. Por lo que sí es una oportunidad de ver a varios grandes combos juntos y poder compararlos, pero ¿realmente presenciaremos todo lo que la banda en cuestión puede dar de sí?


A parte de esta aspecto, los festivales per se tienen unas características singulares que provocan que disfrutar los conciertos sea sensiblemente diferente a cómo se hace en las actuaciones individuales. La acumulación de directos, muchos de ellos en horarios intempestivos; la concurrencia de diferentes instrumentos y elementos del espectáculo en el mismo espacio, la ‘comodidad’ del recinto, el desgaste personal de los músicos y sobre todo del público, etc. Pero también hay que tener en cuenta la ocasión que tienen los grupos de tocar ante audiencias numéricamente muy importantes, la posibilidad que se otorga a ciertas bandas de interpretar su música en el mismo festival que primeros espadas y la que permite al público ver a grupos que de otra manera no disfrutaría en directo; además de un ambiente que puede ser fenomenal al darse cita mucha gente amante del mismo tipo de música; y cómo no un aspecto crematístico ventajoso, pues sale más económico pagar la entrada de un festival que los diferentes tickets para presenciar las actuaciones individuales de los integrantes del cartel
Por todo ello, se plantea la disyuntiva de si los festivales pueden llegar a ser, o no, una alternativa a las actuaciones individuales de los grupos.

 Metálico.

jueves, 29 de junio de 2017

Para qué va la gente a los festivales. IV.


El verano ya está aquí y con él las ansiadas vacaciones para muchos de nosotros. Esta época también representa el momento estelar de los festivales musicales. Estos eventos, aunque ya se llevan a cabo durante todo el año, manifiestan todo su poder principalmente durante el periodo estival. No se me ocurre mejor manera de ofrecerles un pequeño pero sentido homenaje que este pequeño escrito. Surgido a raíz del artículo “Para qué va la gente a los conciertos”, realizado hace unos veranos, este texto supone una especie de apéndice del mismo. Como en otras ocasiones, seguro que cada uno de los lectores tendrá su propia clasificación e incluso se podrá sentir representado en alguno de los distintos apartados. Así mismo no conviene tomarse el asunto demasiado en serio –o sí, allá cada uno–, de lo que se trata es de pasar un rato divertido entre tantos calores. Sin más, pasamos a compartir esta delirante clasificación:



1.- Porque está de moda.

Es innegable que asistir a los festivales se ha convertido en un deporte de moda. Numerosas hordas de seguidores, irredentos, curiosos, escépticos y demás hierbas acuden fieles a la llamada. Hace apenas veinte años casi no existían estos eventos, pero en los últimos años no tienes más que darle una patada a una piedra y aparecerá un sinfín de festivales con las denominaciones más atómicas que sea capaz de parir el cerebro humano. A los emblemáticos festivales de Reading, Brujas o Donnington de los años ochenta –recuerdo cuando se anunciaron el gigantesco Rock In Rio o el California Jam, parecía que aquello era el acabose– se les han ido apuntando un nutrido número de eventos de estas características hasta llegar a un grado tal de saturación que ha hecho que pierda ese mágico componente inicial que los hacía tan especiales. Incluso en España se vivían eventos como el Mazarock o el Rocktiembre como algo único y especial, fruto del encomiable esfuerzo de unos cuantos visionarios que invertían su tiempo, esfuerzo, energías y dinero para llevar a cabo una especie de sueño en forma de superconcierto especial y único. Viví en primera persona los festivales de Menorock o Machina a finales de los noventa como algo especial, una especie de comunión rockero-veraniega en toda regla; una nueva y distinta manera de disfrutar de las bien merecidas vacaciones veraniegas que contaba con la presencia de un público convencido y devoto del más ferviente sentimiento hardrockero.
Ahora todo ha evolucionado, en cualquier parte del globo occidental y época del año nos encontramos con uno o varios festivales –todos ellos de variado pelaje y enjundia–. El público no está formado por esos deliciosos y encantadores seguidores descerebrados, ávidos de experimentar la comunión musical por excelencia. Actualmente los festivales están poblados por un buen número de personas que se acercan por allí para ver qué tal, cómo es eso de los festivales. No es necesario que los grupos que actúen sean de su agrado, muchas veces ni siquiera conocerán a una sola banda del cartel… pero hay que ir. Esto de las modas siempre me ha despertado sentimientos contrapuestos, en cualquiera de los ámbitos a los que nos queramos remitir. No obstante supongo que para que los organizadores los sigan programando es necesario que la gente asista a los mismos, por lo que no dejará de ser beneficiosa esa asistencia.



2.- Como destino de vacaciones.

La mayoría de los festivales se programan en verano, aunque en los últimos años el grado de saturación del mercado ha obligado a los organizadores a explorar esos otros meses del año en los que el sol, la playa y los chiringuitos no son los reyes. Sea como fuere el verano sigue siendo la época por excelencia, de los festivales y de las vacaciones, por lo que no se me ocurre mejor manera de invertir una parte de esos días de asueto que asistir a un evento musical que consiga reunir a algunos de los grupos que tanto nos gustan. Debo decir que desde los tiernos finales de los ochenta forman parte de mi rutina veraniega anual, aunque reconozco que en ese sentido siempre me consideré un poco outsider y jamás pude sospechar que esto acabaría siendo tendencia; hasta las agencias de viajes lo contemplan en su constante carrera para lograr vaciar nuestros bolsillos. Hace poco incluso en los medios de comunicación se pueden ver noticias sobre esta “nueva” forma de turismo. Para volverse loco.



3.- Para viajar.

Una de las excusas ideales para marcarse un  viajecito a cualquier lugar paradisiaco –o no tan idílico– al que jamás se te pasaría por la cabeza ir de otro modo. Está muy ligado al segundo apartado y es un hecho que se ha convertido en toda una realidad en los últimos años; de hecho muchas agencias organizan paquetes de viajes para desplazarse hasta alguno de estos eventos, como si de cualquier final de fútbol se tratase. Conozco un importante número de personas que, si no fuera por su asistencia a festivales, no hubiesen hecho tanto turismo en su vida; gente que está dispuesta a enrolarse en la odisea que la mayoría de las veces supone asistir a este tipo de conciertos y que puede desplazarse a los rincones más recónditos para poder presenciar a sus grupo preferido actuando en directo.
También es cierto que el que opte por este estilo de viaje generalmente disfrutará de parajes naturales. Normalmente los enclaves escogidos suelen estar en lugares deliciosamente apartados de la nada, con todas las ventajas e inconvenientes que ello reporta. Recuerdo con cariño y desazón a partes iguales el maravilloso e imposible paraje al que tuvimos que desplazarnos los sufridos seguidores que decidimos asistir al famoso festival Doctor Music de hace un montón de años que se celebró en el Pirineo catalán. Nos fuimos hasta la zona de Escalarre del Pirineo leridano con nuestros sufridos vehículos, alejándonos de cualquier atisbo de civilización humana mientras disfrutábamos de la naturaleza en su estado más puro… demasiado puro. El otrora paraje perfecto para cualquier grupo de montañeros mochileros se convirtió en el lugar ¿perfecto? para disfrutar de un fin de semana de Rock n Roll. Imposible olvidar al bueno de Ian Gillan salir a escena rodeado de campo, vacas y cagadas de las mismas con una botella de whisky en mano y dispuesto a hermanarse con la Madre Naturaleza como solo él sabe. Desde el mismo instante que lo presencié se grabó a fuego en mi memoria. Afortunadamente, hoy en día los festivales ya cohabitan perfectamente en suelo urbano y el sufrido seguidor puede acercarse a la civilización durante el transcurso del evento para comerse un bocadillo o tomarse una cerveza.

                                                   Doctor Music. Escalarre.                                       

                                                        Jon Lord. D.E.P. - Ian Gillan.


4.- Como algo que tienes que hacer cuando eres joven.

Una especie de experiencia de juventud por la que debes pasar. Aquí el interés musical puede ser principal o secundario; es cierto que hay chavales que, tras mucho insistir a sus progenitores, consiguen su sueño de asistir por vez primera a un evento de estas características en el que se reúnen algunos de sus artistas preferidos y también los hay que consiguen la aprobación paterna aunque sus intereses musicales no superen a sus deseos de vivir la experiencia que tantas veces han escuchado en boca de sus hermanos mayores. Una especie de bautismo de fuego que todo seguidor musical debería experimentar. Los festivales musicales constituyen en sí mismos una especie de gymkana compuesta de toda una suerte de obstáculos que debes conocer y sortear hasta conseguir tu graduado superior correspondiente. Todos aquellos jóvenes ávidos de experiencias musicales y extra musicales que asisten por primera vez a un evento de estas características se van comiendo toda una serie de marrones a cuál más incómodo e inesperado. De todos modos no deja de ser entrañable pagar la novatada y recordarla con los amigos cuando la adorada y añorada juventud nos va abandonando. Un agobio delicioso a fin de cuentas.


5.- Por trabajo.

Aquí podemos incluir a toda esa gente que cada festival necesita desde el punto de vista logístico: camareros, servicios, mantenimiento, montaje, sonido, prensa… la lista puede ser interminable. Este apartado se puede a su vez dividir en dos apéndices completamente opuestos. Por un lado contamos con las personas a las que les gusta el festival en sí o algunos de los grupos que actúan. Esta gente se encuentra con que pasan gratis aunque para currar, lo que no acabo de saber si es bueno o malo. Si no puedes afrontar el importe de la entrada puedes estar presente mientras realizas tu trabajo dentro del evento, aunque no disfrutes al cien por cien debido a esa propia ocupación que debes realizar. El problema viene si quieres asistir como público pero debes ir a trabajar; supongo que cada uno decidirá si el asunto es positivo o negativo. En el otro extremo nos encontramos con los que van a trabajar al festival sin gustarle nada lo que allí se ofrece, nos podemos encontrar desde a gente que desconoce o no le interesa la música del evento hasta quien directamente la detesta. El abanico de situaciones que se pueden producir no deja de ser cachondo. Imagínate pidiendo bebida en la barra y que te atienda un camarero agobiado seguidor de la música new age que además te haga saber que no le gusta nada lo que suena en el festival de turno. Esto solo puede ser superado cuando vayas a pedir la décima consumición y te atienda un camarero estreñido y seguidor de la música de cantautor; un plus extra para asistir a dicho evento. Esto nunca le pasará al presentador del Karaoke Metal, siempre dispuesto a divertir al personal y divertirse.


6.- Porque te invitan.

Hay un reducido grupo de privilegiados que no tienen que preocuparse por adquirir la entrada para asistir a estos festivales puesto que son invitados por la organización o los promotores. Este apartado se diferencia del anterior en que el objetivo principal de esta gente es el de asistir y disfrutar del evento, no acceden para desempeñar otro trabajo. Bueno, en el caso de la prensa acreditada lo suyo es realizar un reportaje alusivo a lo que allí aconteció, lo que pasa es que se puede decir que tu trabajo consiste en ver cómo se desarrolla el festival y las actuaciones de los diversos artistas que forman parte del cartel. Muchas veces el reportaje merece la pena y cualquier ávido lector que no asistió al evento o sí lo hizo puede disfrutar viendo las fotos o leyendo las reflexiones y comentarios del escriba de turno. Desgraciadamente hay otras veces en las que lo que se redacta poco o nada tiene que ver con la realidad. Se establece una especie de cutre-red de clientelismo barato en la que se enaltece o desmerece el festival según te haya tratado la organización.
No hay mucho que comentar sobre la gente que accede invitada a estos eventos por cortesía de la organización y que no son periodistas, si tu eres el dueño u organizador de algo lo suyo es que permitas la entrada a quién se te ponga en la punta del alma. Muchas veces es adecuado y correcto tener algún tipo de deferencia hacia personas afines o representantes de negocios paralelos que acaban beneficiando el funcionamiento del propio festival y de sus posteriores ediciones. Lo cachondo del asunto es que se puede dar la circunstancia de que el susodicho evento no te interese lo más mínimo, pero asistas por cortesía hacia la persona o entidad que te ha invitado; esto tiene su punto: gente fuera deseando entrar que no consiguió entrada y gente dentro que está invitada pero que sería más feliz en cualquier otro sitio.


7.- Por los amigos.

Cómo no, imposible le resulta a este apartado faltar a la cita veraniega de este escrito. Que te avise un amigo suele ser uno de los principales motivos de asistencia a estos eventos… y a casi cualquier otra forma de entretenimiento. Animo a cualquiera que asista a un festival musical y que tenga algo de tiempo que perder mientras sobrevive entre las actuaciones de los grupos a que se acerque a cualquier grupo de amigos que vea y les pregunte cuántos vienen por el cartel y cuántos porque le avisaron los demás amigos. Uno de los más nobles motivos que puede encontrar una persona en la vida para hacer las cosas.



8.- Porque lo organizan amigos o personas afines.

Variante del apartado anterior. Según el nivel de amistad podrás encontrarte dentro del séptimo apartado o tendrás que abonar tu ticket correspondiente para acceder al recinto. Lo que no cambia es que deberás ser muy cuidadoso con las palabras que emplees a la hora de hablar del evento, salvo la amistad sincera que no se rompe con nada te puedes encontrar en situaciones incómodas en función de tu evaluación a posteriori del festival de turno.


9.- Para ir de fiesta.

Poco importan los grupos que compongan el cartel, el emplazamiento, las instalaciones o el resto de aspectos logísticos, aquí la motivación principal es la de pasar un fin de semana bañado en ambiente festivo. Resulta curioso que haya un número importante de gente que puedes conocer en cualquiera de estos eventos y que te cuenten que no sienten nada especial por ninguno de los grupos del cartel, incluso te pueden confesar que no conocen a la mayoría de los artistas que actúan… o que ni siquiera les gusta el tipo de música que abandera el festival; estas menudencias son secundarias, unos amigos avisaron para comprar las entradas y se enrolaron a la aventura. No dejan de componer el tipo de público ideal para los organizadores: no se van a quejar del orden de actuación, del sonido o de los horarios; como mucho pondrán el grito en el cielo si se acaba la cerveza o la carpa del pincha en mitad de la madrugada… y no faltarán nunca al Karaoke Metal. Definitivamente entrañable y necesaria su presencia en estos festivales.

                 Gente en el agua entre actuaciones.                         Portada revista HEAVYROCK.


10.- Como acompañamiento.

A este apartado pertenecen todas aquellas personas que se encuentran dentro de la peculiar lotería de asistir como acompañamiento. Para ellos el hecho de que les pueda atraer o no el cartel del festival es absolutamente secundario, la motivación principal para decidir su asistencia se debe a que encajan perfectamente como adláteres de aquellos otros que desean vivir la experiencia del evento musical. Amigos, compañeros sentimentales y familiares suelen ser los colectivos de los que se nutre este apartado tan particular. Ni que decir tiene que a la cabeza se encuentran las sufridas parejas de los asistentes. Impagable es el momento en el que el amor de tu vida te informa de que tienes que acompañarle a no sé qué festival de música –sí, esa misma música que detestas– para disfrutar y vivir una experiencia inolvidable; ya lo creo que para el acompañante será inolvidable, desde luego. No te queda otra que asentir y demostrar una vez más que el amor mueve montañas mientras paseas tu total autoindulgencia por el hecho de verte abocado a sufrir dicha experiencia. Para estas personas el festival ideal viene a ser el Wacken Open Air: miles de heavys salvajes cuál vikingos directamente venidos del averno del metal para que te acabes de volver loco. Menos extremo sería el caso de ese hermano mayor con el que tus padres te dejan ir, generalmente tu propio hermano ha sido el que te ha ayudado a descubrir esa música que ya quedará grabada para siempre en tu ADN y ambos estaréis preparados para disfrutar por igual la experiencia.



11.- A sobrevivir.

Una cosa tiene en común toda la variopinta fauna que se congrega en los festivales musicales: todos están abocados a luchar por su supervivencia. El que no haya asistido nunca a un evento de estas características y tenga en mente la idílica idea de ir a disfrutar, descansar y pasar el rato mientras escucha a sus artistas preferidos, que se la quite de la cabeza de inmediato. Asistir a un festival es una experiencia única y gratificante, pero no deja de ser una especie de competición repleta de pruebas de supervivencia a cuál más dura y compleja.
Estos festivales están concebidos para albergar al mayor número de personas posibles, con todos los problemas logísticos que ello conlleva. Es de agradecer que la mayoría de las veces no tengas que preocuparte de adquirir la entrada con mucha anticipación –excepto si decides asistir al Wacken, que agota localidades a las dos semanas de finalizar la edición del año anterior; con dos cojones–, el problema reside en todo lo demás. Hay eventos que pueden reunir de entre quince mil a trescientas mil personas… durante tres días… todas juntas en un mismo espacio; tela. Como os podéis imaginar todo son problemas. Desde que llegas al recinto tras aguantar horas de atasco –hay que recordar que estos eventos multitudinarios se suelen realizar en el culo del mundo, por lo que las carreteras de acceso son escasas– te encuentras cara a cara con la dura realidad que desmonta de inmediato ese idílico sueño de una noche de verano. Llegas a la taquilla y te toca esperar, durante horas incluso, a que te revisen la entrada y te pongan una pulsera de mierda que te va a agobiar durante el resto del fin de semana. Como decidas comer o beber algo para soportar el calor estival que suele arreciar con fuerza en muchos de estos grandes espectáculos te encontrarás de pronto disfrutando de formar parte de una muchedumbre dispuesta en rigurosa fila esperando desesperadamente a que te den… un ticket que puedes canjear por los enseres alimenticios que hayas escogido…tras esperar en otra cola. Divertidísimo. Otra excursión entretenida puede ser la que, en el caso de que hayas abusado de la ingesta de cerveza u otras bebidas espirituosas, te veas obligado a realizar para evacuar los restos del sistema de filtración de tu organismo; por no comentar el estado en el que seguro encontrarás los habitáculos destinados a tal efecto. No nos olvidamos de todo aquel avezado asistente a festivales, sin miedo a nada ni nadie e inasequible al desaliento, que decide pernoctar en la zona de camping del evento visitado. No sé si es suerte o lo que sea, pero la mayoría de festivales que he visitado –y los que me quedan– consiguen redefinir el concepto de “zona de camping para dormir”. El césped brilla por su ausencia en esos auténticos patatales llenos de arena, polvo y sin una puta sombra de la que resguardarte en cuanto sale el sol –que normalmente suele ser cinco minutos antes de que te metas en la cutre-tienda de campaña con todas las comodidades que todos los que hemos disfrutado de su estancia en algún momento de nuestras vidas sabemos que tiene–; y para completar el estupendo lote nuestro sufrido campista dispone de unas agradables duchas comunes que suelen estar al aire libre en el mismo patatal. En fin. Nada de esto importa cuando nuestro músico favorito desgrana las primeras notas de esa canción que hace nuestra vida tan especial. Así somos los seres humanos. Gracias a Dios mis amigos y yo hemos sido desde jóvenes algo sibaritas con esto del pernocte y, en cuanto hubo algo de dinero en nuestros bolsillos que nunca se parecieron a los de nuestros queridos políticos, lo destinamos sin ningún tipo de remordimiento a buscar alojamiento en las posadas más próximas al festival escogido. Para otra entrada se podría dejar un pequeño comentario de los tugurios en los que acabamos encontrando un colchón para dejar descansar a nuestros sufridos huesos dentro de esta fascinante aventura que supone  la asistencia a un festival musical veraniego.



12.- Para quejarse.

Por supuesto, este apartado debe estar presente en un tinglado de estas características. Seguro que todos conocemos o tenemos entre nuestro entorno a ese sujeto que parece haber  nacido con el don de criticarlo todo. En cualquier ámbito de su azaroso día a día encontrará algo que podría funcionar mejor, que no se sujeta a norma, que está mal enfocado, que está mal aprovechado, que es erróneo… y un sinfín de pegas más. Si nos referimos al sub mundo de los festivales musicales la cosa no varía demasiado. Poco importa que nos topemos con el evento mejor organizado del mundo, el mejor sonido, la mejor distribución y actuaciones de los grupos o la mejor logística –este sería el festival ideal, que todavía no he tenido ocasión de degustar pero que anhelo con ahínco-; nuestro hombre permanecerá ahí, impasible ante el dolor, dispuesto a buscarle la pega a todo. Hay que reconocer que criticar un festival constituye un ejercicio sencillo, es muy difícil gestionar un evento de estas características sin que los asistentes nos sintamos como cabezas de ganado, cebados y alienados como sardinas en lata, mientras somos conducidos hacia el matadero. Lo que ocurre es que muchas veces se generaliza con todo. Puede ser que la zona de descanso sea una mierda, que suele serlo, pero el sonido de los grupos sea adecuado; también puede ocurrir que la lista de espera para adquirir tickets esté mal gestionada, pero te sirvan adecuadamente la comida o bebida. Para estas personas siempre habrá aglomeración en la entrada, algún grupo salió fuera de hora, el sonido jamás será bueno y qué calor hace. Cuando me topo con este tipo de individuos me suelen venir a la cabeza algunas preguntas: ¿qué elementos de juicio tienes para sentirse en la posición e criticarlo todo?, ¿cómo los has conseguido? y, sobre todo, ¿qué haces en un sitio tan detestable como este?


13.- Para ver a un único grupo.

No podía faltar. No es una especie común, pero abunda más de lo que nos podamos imaginar a simple vista. Da lo mismo que la entrada cueste un pastizal, que no haya tickets por días separados, que haya que desplazarse hasta el mismísimo infierno para asistir al evento, que tengas que hacer auténticos malabarismos en concepto de viajes y días de vacaciones para llegar a ese infierno o que tengas que sufrir todas las penurias y calamidades físicas propias del festival. Nada parará a estos fieles seguidores que no dudarán en arriesgar su vida para estar ahí cuando se suba al escenario ese grupo que para ellos es especial. Esta gente pertenece a una subgénero especial de la especie humana, imposible de comprender para el resto de sus semejantes. La de veces que, desgraciada o afortunadamente, me he visto abocado a formar parte de este tipo de personal tan sui generis cuando determinado grupos de mi lista personal se han decidió de una puñetera vez a actuar en directo.


14.- Para ver a todos los grupos.

En el extremo completamente opuesto al apartado anterior nos encontramos al individuo que asiste al festival con la intención de presenciar TODAS las actuaciones del festival y, si no todas, al menos la mayoría de ellas. Generalmente suele asistir solo, o en compañía de semejantes pero solitario en su espíritu; normal, el resto de la humanidad es incapaz de comprender o asumir los principios vitales que le guían en la imposible cruzada de ver todos los conciertos del evento de turno. Lo curioso del asunto es que la mayoría de los grandes festivales están ideados para que al público le resulte imposible presenciar todas las actuaciones. Muchos de estos festivales disponen de dos o tres escenarios que programan conciertos de manera prácticamente simultánea, por lo que le resultará imposible a nuestro sufrido kamikaze afrontar la totalidad de las actuaciones por las que ha pagado una entrada. Reconozco que siempre me ha hecho gracia –no es justo, pero es cierto; qué le voy a hacer– cuando he leído algún reportaje en la prensa especializada y el periodista encargado de cubrir el festival de turno comienza a relatar que se marchó corriendo antes de que acabase el concierto del grupo tal para presenciar el final de la actuación del grupo cuál, que a su vez coincidía con el horario de inicio de otro artista que le encanta pero que tenía que decidir… suma y sigue; vaya tensión, no quiero ni imaginar lo que debe ser asistir a un concierto con el ojo puesto en el reloj, nervioso por abandonar la actuación para irte corriendo a otra que ya ha comenzado. Para algunos de nosotros un concierto en directo es casi como una experiencia mística, flota en tu cabeza días, semanas o incluso meses antes de que se celebre, preparas tu mente y tu cuerpo para ese momento único y especial, concibes la actuación dentro de un todo en uno que incluye además el pre concierto y el post concierto, muchas veces las sentimientos son tan fuertes y profundos que necesitas un tiempo para asimilar todo lo que has vivido y, en definitiva, representa un cúmulo de sensaciones tan especial que difícilmente lo puedes despachar llegando al show comenzado y largándote antes de que se termine. Volvemos otra vez a la idea de la música como un gigantesco dispensario de comida basura rápida, de usar y tirar. Universos distintos.
En realidad, aunque me parece tan insano como imposible meterse un atracón de actuaciones en vivo durante tres días, lo cierto es que los personajes de este apartado tienen su punto de razón. Es lícito que si ofreces un ticket por ver las actuaciones de un número de grupos, lo suyo es que al menos le des la oportunidad de poder visionarlas a todo el que compre la entrada.


15.- Siempre al mismo festival.

Otra especie especial. Por muy variada que sea la oferta en el pantanoso mundillo de los eventos musicales siempre nos vamos a encontrar a tipos fieles a un determinado festival o concepto. Poco importa que, afortunadamente, haya infinidad de grupos de todos los pelajes musicales que naveguen por el océano de ofertas festivaleras y colmen de placer a los paladares más exquisitos. Nos vamos a encontrar a determinados sujetos que parecen poseer un abono de por vida para asistir a tal o cuál festival. Podremos tener con ellos una entretenidísima charla sobre música, grupos, conciertos y demás, pero al final nada ni nadie conseguirá moverles ni un solo milímetro de su decisión de seguir asistiendo siempre al mismo festival que tan felices les hace. De hecho compran las entradas de la siguiente edición justo cuando acaba la anterior. Por supuesto, a la cabeza de esta distinguida especie se encuentran algunos de los asistentes al Wacken Open Air; aquello es definitivamente otro mundo.


16.- Solo a festivales de grupos españoles.

Idéntico al apartado anterior pero referido al universal idioma de Cervantes. Si consigues toparte con alguno de estos entrañables tipos seguro que pasarás un rato divertido y único. Mira que la oferta es amplia y variada, muchas veces se celebran festivales que traen a tu país por primera y posiblemente única vez a esos grupos más grandes que la vida. Nada, si no cantan en español no merece la pena ir a verlos. Consideraciones superiores que se escapan a mi pobre intelecto. Seguro que muchos de ellos deciden dejar de asistir al Festival Leyendas del Rock –aprovecho para felicitar otra vez a la organización de este maravilloso evento que ya se ha consolidado como referente en cuanto a festivales de Rock duro en España– por que traen a grupos extranjero. En fin.



17.- Por curiosidad.

Muy relacionado con los apartados primero y quinto. Esa inquietud tan sustancialmente ligada a nuestra naturaleza que hace que el ser humano llegue a realizar cosas verdaderamente imprevisibles. Aquí la música puede jugar un papel tanto principal como secundario, lo realmente motivador es el hecho de descubrir lo que hay detrás de la puerta de acceso. Supongo que la juventud constituye la perfecta espoleta que nos puede llevar a tomar la decisión de asistir a un festival, a ver qué tal. No tengo muy claro si la curiosidad es una virtud o un defecto. Supongo que es algo bueno cuando te incita a conocer, a profundizar o a documentarte sobre algo que te llama la atención; en este caso la música, por lo que va a ser bien recibida. En el caso de que no sea más que cotilleo, de ese destructivo y parasitario, solo alcanza la categoría de detestable. Si lo que mueve a asistir a un festival es una mezcla de esa primera curiosidad juvenil e inocente, lo único que podemos es darte la bienvenida a este maravilloso y peculiar circo vital que constituye el Rock n’ Roll.


18.- Por el festival en sí.

Apartado ligado a los apéndices catorce y quince. Aquí lo importante no parece que sean los grupos que actúen, por increíble que parezca esta cuestión ha pasado a ser secundaria a la vez que ha conseguido trascender la idiosincrasia del propio festival como protagonista en sí mismo. Supongo que es mérito de los organizadores, que han conseguido fidelizar una marca por encima incluso de los principales protagonistas del tinglado: la música y los músicos. Cada vez hay más gente que no te dice que va a ir a ver a determinado grupo, sino que han cogido unos días de vacaciones para asistir a un determinado festival de música; aquí se entronca con los apartados segundo, tercero y cuarto. Tenemos vivos ejemplos de esto en festivales como los antes reseñados, el Viña Rock, el sospechoso Benicassim o el detestable Primavera Sound; bueno, afortunadamente este último no creo que haya conseguido este estatus, a ver si con más horas de publicidad en todos los telediarios nacionales lo acaba consiguiendo.



19.- El que jamás asistirá a un festival.

Por supuesto. No debemos olvidarnos de este individuo que odia los festivales con todo su corazón. No cabe duda de que algo le debe interesar la música, seguro que conserva algún cassette de Maiden si tiene más de cuarenta años o tiene gigas y gigas repletos de discografías comprimidas de grupos que jamás va a escuchar, pero lo que no tiene previsto en su lista de cosas por hacer en la vida es acercarse a uno de estos eventos. Incluso los seguidores más sibaritas que odian todas las incomodidades que conlleva asistir a un festival son capaces de comprar la entrada para uno de ellos en el caso de que actúe uno de sus grupos preferidos. Se limitan a entrar en el recinto media hora antes de que comience la actuación que desean ver, se toman un par de bebidas, presencian el concierto de su grupo y se marchan en cuanto aquello acaba sin ni siquiera mirar atrás. Cada vez me siento más en comunión con estos visionarios.
Sin embargo los que se encuadran en este apartado no hacen excepciones, no van a festivales y ya está. Imagino que muchos de ellos podrían llegar a  pertenecer en potencia al apartado doce, aunque ni siquiera lo encuentran necesario. De todos modos puede ser que muy en el fondo su paso por el fascinante mundo de la música sea tan circunstancial y tan insustancial que ni se merezcan nuestros desvelos.


20.- Al Karaoke Metal.

Claro que sí. Mira que llevo años asistiendo a festivales musicales –todavía se pagaba en pesetas y un Dyc cola costaba el equivalente a poco más de un euro con algo; otros tiempos– y pensaba que ya lo había visto todo… teniendo en cuenta que en un festival veraniego de tres días sumido en el más absoluto descontrol puedes ver realmente cosas difíciles de imaginar; pero no, la mente humana consigue seguir dando esa nueva vuelta de tuerca que te desarma. Si se piensa fríamente, esto del Metal Karaoke era algo que tenía que suceder tarde o temprano. Los karaokes nacieron destinados a suplir en el personal de a pie esos deseos de protagonismo propios de los grandes vocalistas –sí, eso del ego o el síndrome LSD con el que algún cachondo bautizó todo este asunto–. El componente perfecto a una velada de fiesta y alcohol, cuando uno se desinhibe y sale todo su fondo de armario, es un micrófono; no hay duda alguna. Seguro que todos tenemos alguna anécdota cachonda que contar a este respecto, tanto en primera como en tercera persona. Para los heavies no iba a ser distinto. El sufrido seguidor rockero también necesitaba su minuto de gloria y esto se lo empezó a ofrecer algún visionario metido en el comité organizativo de algún evento musical. Esta cuidada manifestación no deja de dar respuesta a todos esos seguidores de su música que cada fin de semana ejecutan con honor, en un acto de redención y pleitesía, los bailes con la guitarra imaginaria que todos guardamos en alguno de nuestros bolsillos. Ideal para una tesis sociológica.


La primera vez que me topé con esto del Karaoke Metal fue en un Rock Fest en Barcelona hace un par de años. Aquello fue un choque brutal. Me encontraba cómodamente metido en la piel de aquel sibarita del apartado anterior, ese que accede al festival un rato antes de que actúe el grupo que quiere ver, mientras daba un paseo entre la desquiciada selva del evento con una cerveza en mi mano… y ocurrió. Nos metimos en una especie de carpa especialmente habilitada que estaba llena de gente; un escenario pequeño para grupos que empiezan, pensé. Pero no. Nos hicimos paso entre el entregado público allí congregado, sorteando sus altas dosis de fanatismo, hasta que conseguimos darnos cuenta de que aquello era… un karaoke. Pero no se trataba de un karaoke cualquiera. Disponía de un pequeño pero apañado escenario habilitado para la acción. Sobre esta tarima encontrábamos a una maestra de ceremonias directamente salida del Averno del Metal que se encargaba de subir la adrenalina del respetable con su verbo fluido y contumaz. A su lado se parapetaba una suerte de Dj rockero, presto a pinchar la versión instrumental del tema que fuese necesario. Todo el que quisiera subirse a ese entramado diabólico no tenía más que apuntarse en una cutre lista y ya estaba. En cuanto llegaba el turno nuestros queridos siervos del metal se subían al proscenio, unas breves presentaciones, unas cuantas arengas de la presentadora dominatrix y a cantar. Cada uno de los escogidos sacaba a relucir con inusitado vigor y encomiable entrega todo el metal que llevaba dentro de su ser mientras el público se vaciaba acompañando voz en grito y puño en alto a nuestro protagonista en una especie de catarsis colectiva más allá de la comprensión científica. No hay palabras que describan aquello. Para vivirlo.
No sé qué será lo próximo que me sorprenda dentro del incomprensible y fascinante mundo de los festivales de música, pero una cosa está clara: el Karaoke Metal ha colocado el listón muy alto.








domingo, 25 de junio de 2017

Aerosmith/The Beach Boys: “Remember (Walking in the sand)”.


En estos días se produce una curiosa coincidencia para todos los que residimos en Madrid. Hace apenas unos días nos visitaban en el Nuevo Apolo los Beach Boys –o la banda de acompañamiento de Mike Love y Bruce Johnston que, de cualquier modo y pese a todo lo que el caradura de Love se ha aprovechado de Brian Wilson, suena que te cagas– y justo una semana más tarde pisarán otro escenario madrileño Aerosmith, el grupo de Joe Perry y Steven Tyler; los Toxic Twins. El final del mes de Junio ideal para algunos de nosotros. A priori no parece que salga a la primera una posible relación entre estos dos grandes grupos –si obviamos el hecho de que ambos tienen excepcionales compositores y grandes canciones que han acompañados a distintas generaciones de personas–, pero si nos salimos un poco de los clásicos y manidos clichés nos encontramos con que ambos grupos decidieron, en un determinado momento de sus respectivas carreras, que era necesario realizar una versión de la canción “Remember (Walking in the sand)”.

                                                         Steven Tyler & Joe Perry.

El tema “Remember” fue compuesto por George Morton y grabado originalmente por el conocido grupo femenino de los años sesenta llamado The Shangri-Las. Sacaron la canción en formato single allá por el año sesenta y cuatro obteniendo un nada desdeñable Top cinco en las listas de éxitos de la época. Normal, es un pedazo de canción con unos arreglos sobrecogedores que te desarman y paralizan mientras te sumergen en esa tristeza contenida que respira todo el tema. Qué tiempos aquellos en los que este grupo o The Ronettes, bajo la tutela de Phil Spector, llenaban los oídos del público de grandes canciones, brillantes melodías e increíbles juegos de voces.

                                          The Shangri-Las: "Remenber (Walking in the sand)".

El combo de Steven Tyler y Joe Perry decidió versionar este tema para su álbum “Night In The Ruts” del año 1979. Si por algo se caracteriza esta pareja –uno de los mejores equipos compositivos de la Historia de la Música, sin duda– es por su bagaje musical y su olfato para rescatar grandes canciones pasándolas por el particular y genuino tamiz de su estilo musical. La versión que nos ofrecen en este disco respeta completamente al tema original, manteniendo ese toque intenso y melancólico –casi se podría hablar de dolor mientras escuchas la desgarradora voz de Tyler en las estrofas finales del tema–. Aerosmith mantuvieron los arreglos originales de la canción y le añadieron sus guitarras eléctricas. Merece la pena adquirir cualquier disco solo por el hecho de contener una canción así.

                                             Aerosmith: "Remember (Walking in the sand)".

                                                                Steven Tyler.

Por su parte los Beach Boys –o mejor dicho, el grupo que montó Mike Love junto a su escudero Bruce Johnston cuando finalmente logró hacerse con los derechos del nombre–, tras el sorprendente aunque merecido éxito comercial y en las listas de su tema “Kokomo”, se aventuraron a grabar lo que para el propio Love sería el disco que representase la quintaesencia del verano. El resultado fue el tibio “Summer In Paradise”, fue el primer disco de Beach Boys que no contó con ningún aporte de Brian Wilson y eso se nota. Pese a todo es un álbum que siempre me ha atraído mucho y que contiene algunos grandes temas. La crítica se cebó con el pobre Mike Love, aunque tampoco me parece un cd tan malo como muchos críticos lo pintan. De todos modos, si partimos de la premisa de que muchos críticos ni siquiera se escuchan completos los discos que comentan, todo se puede entender. Fue un álbum muy polémico por todas las circunstancias que rodearon al grupo, ya bastante disfuncional de por sí, y sin duda merecerá que lo abordemos en profundidad en otro momento. Tal vez el verano que viene.

                                 Brian Wilson.                                                 Mike Love.

El caso es que este disco contiene la particular versión del clásico tema de las Shangri-Las. La canción está completamente beachboyzada, modifican los arreglos añadiendo una estructura diferente a la original y añaden un juego de voces de otro planeta. Es cierto que The Shangri-Las era un grupo coral, pero lo de los Beach Boys con las líneas melódicas de sus canciones es para estudio de doctorado. Hay grupos que trabajan los coros en sus canciones, doblan voces y demás para ofrecer un resultado final más cuidado y al detalle. El asunto es que Beach Boys, de la mano del genio Brian Wilson, entienden las líneas vocales como un todo en sí mismo. A sus ya de por sí intrincadas composiciones, el mayor de los Wilson siempre buscó añadir distintos juegos vocales. No hablamos solo de coros -que los tienen, muchos y cuidados hasta la asfixia-, sino que el bueno de Brian además se dejaba la vida buscando rebuscadas líneas vocales, distintas y superpuestas unas con otras hasta lograr ese todo mágico final en forma de canción. No conozco a ningún –repito: ningún– grupo que te meta en una misma canción hasta cuatro líneas vocales distintas y superpuestas, amén de los coros que van a parte, claro. Un finísimo ejemplo de estas complicadas estructuras musicales que entran en tu cabeza para no abandonarte jamás en la vida con esa suavidad y facilidad tan pasmosa, sería el tema “You’re so good to me”. Cualquier compositor que se digne de serlo debería estudiar canciones como esta para darse cuenta realmente de lo que diferencia a esos escasos genios tocados con el dedo de Dios del resto de los humildes mortales. Pero no quiero desviarme. La versión de “Remember” de Beach Boys nos presenta unos interesantísimos arreglos y un sencillo pero bonito solo de saxo que cierra el tema de manera redonda. Aunque el culmen llega con la interpretación vocal del tristemente fallecido Carl Wilson. El del medio de los hermanos nos vuelve a demostrar que fue bendecido con una voz preciosa y especial –ese I wanna know tras el solo de saxo en el tema que nos ocupa es de otra galaxia–. Todo este universo musical abarca este grupo tan característico, sin olvidar que –en palabras textuales del propio CarlBeach Boys no deja de ser un grupo de Rock.

                                             Beach Boys: "Remember (Walking in the sand)".

                                                               Carl Wilson. D.E.P.

Y para finalizar un apunte completamente gratuito sobre esta última consideración de Beach Boys como una gran banda de Rock que ha sabido crear un sonido propio y reconocible. No veo mejor forma de acabar este escrito que con la canción “It’s about time”, composición de Beach Boys a cargo de Dennis Wilson y Al Jardine. Dedicada a todo el que duda de la valía de Beach Boys como grupo de Rock. Una canción para tapar unas cuantas bocas y por el simple placer del P. Rock n’Roll.

                                                        Beach Boys: "It's about time".