Clube de Adictos a Deep Purple

Púrpura Chess

This blog is basically a musical site. Here we talk about the music we like, using different angles. As dear and missed Jon Lord once said: “Music is the highest kind of Art that exists”. I think the same way too.

Púrpura Chess

Púrpura Chess

martes, 2 de julio de 2013

Recordando a Dio. Alcanzando el Arco Iris. Hoy hace tres años, un mes y diecieséis días.

Bueno, después de unas cuantas incertidumbres, parece que por fin empieza a funcionar este blog, asunto que me alegra sobremanera. Este es un sitio musical esencialmente, para que nos vamos a engañar, pero en el que nos vamos a acercar a la música que nos gusta desde distintos ángulos, cual prisma se tratase, usando el enfoque obvio y directo hasta otros más tangenciales. Y es que, como ya dijo nuestro querido y recordado Jon Lord, la música es, de todas las formas de arte, la más elevada que existe. Afirmación que, pese a disfrutar otros tipos de manifestaciones artísticas, sostengo plenamente. Pero esto es otro debate.

Hoy es 2 de julio de 2013. Es un día tan bueno como cualquier otro para recordar la figura de Ronald Padavona (Ronnie James Dio), trístemente fallecido el pasado 16 de mayo de 2010. Cuando anunció su enfermedad escribí unas líneas sobre él que ahora quiero volver a compartir con vosotros. Tened en cuenta que está escrito antes de su fallecimiento.
La verdad es que no se me ocurre una mejor manera de comenzar este blog. Saludos.



ALCANZANDO EL ARCO IRIS

Desde el momento en el que sueñas
Accedes a la llave
Con la que se abre la puerta
Que te permite ser libre.


Preciosas palabras, que permiten hacernos una idea del universo en el que nos introducimos cuando hablamos de Ronald James Padavona, artísticamente conocido bajo el seudónimo de Ronnie James Dio.

R.J.Dio es uno de esos genios creadores de los de uno entre un millón. Este hombre es un artista total, de la vieja escuela renacentista, apasionado de Leonardo da Vinci y seguidor de la novela fantástica de escritores como H.P. Lovecraft, Arthur Clarke o H.G. Wells entre otros. Es actor, intérprete, doblador, psicólogo, escritor, compositor y músico –domina la teoría musical, toca la trompeta, el piano, el bajo y la guitarra–; incluso empezó a estudiar farmacia. Sin embargo, sobre todo y ante todo, nuestro hombre es narrador de historias, un cuentacuentos o trovador medieval que emerge desde la oscuridad del bosque de hojas muertas para enternecernos y atormentarnos con sus bellas historias de dragones, elfos, damas y princesas de mangas verdes salvadas por caballeros de templos sagrados que en el fondo no son más que representaciones oníricas de los deseos y los miedos de los extraños caminos de nuestro psique humano.  


Siempre envuelto en un aura de misterio, RJD ha cantado a la magia desde su más tierna adolescencia. Su juego con ese misterio o con las dobles interpretaciones está presente desde su misma fecha de nacimiento, hábilmente escondida a la opinión pública. Lo que digo no es broma, pese a ser un artista conocido mundialmente hasta hace muy poco no se ha sabido con exactitud el día que vino al mundo, a este mundo. Se barajaron distintas hipótesis, incluso se rebuscaron en sus archivos universitarios, pero las fechas no coincidían. Su primera referencia artística registrada en la sociedad de autores americana data de… 1957!!!
Desde luego su obra es prolífica y su personalidad compleja y apasionante, aunque nosotros nos vamos a centrar esencialmente en ese aspecto mágico que imprime a su obra.

Dentro de su personal mundo fantástico las referencias a los sueños o las estrellas son frecuentes, siendo la magia uno de los puntos de referencia en los que se asientan sus historias. Sin embargo el pilar básico que sostiene su particular concepción de la vida es la existencia del bien y el mal y su particular interacción.
Este es el nexo de unión entre realidad y fantasía, lo divino y lo humano, lo vulgar y la excepcionalidad.  A través de ese conflicto entre lo bueno y lo maldito, inherente al hombre, a la naturaleza y a la divinidad, nos sumerge poco a poco hacia su subyugante y profundo abismo; casi sin darnos cuenta abandonamos nuestro ser y nos difuminamos en sombras, perpetuándonos en metáforas oníricas de lobos aullando a la luna o experimentando en nuestra propia piel la desesperación del loco buscando un arco iris en la oscuridad. Me estoy desviando. Es el efecto de su prosa, intensa y dramática. En fin.
Esta lucha interna entre el bien y el mal que todos, afortunada o desafortunadamente, experimentamos desde que nacemos, es el caldo de cultivo en el que se van pergeñando sus fantasías. Los protagonistas suelen ser los débiles. Dio se fija en los pobres, los desheredados y despreciados. Ahonda en sus virtudes y defectos -cual psicólogo vital- y los reviste de alma e ilusión, dando un nuevo enfoque, escribiendo un nuevo camino que conduce a la luz positiva y cegadora del final del túnel.

En sus historias hay un fuerte arraigo a la espiritualidad y al ocultismo, siempre se ha sentido atraído por los espíritus y las reencarnaciones en vidas pasadas, pero se ha acercado a esta realidad desde una perspectiva positiva y realista, muy alejada de los efectismos triviales y fáciles de las ciencias ocultas mal entendidas y de su propia inercia ramplona. El mensaje de Dio siempre es positivo y de superación, de creencia en las capacidades de cada ser humano para discernir entre el bien y el mal en esa aventura continua que es la propia existencia.

RJD es un hábil hipnotizador, no hay más que echar un vistazo fugaz a la profundidad de sus ojos para darse cuenta de que esa mirada ha sido bendecida con un don. Ha trascendido que hipnotizó entre otros a dos miembros de sus grupos de vuelta a sus reencarnaciones. Sin embargo, no ha conseguido llevar a nadie hasta la época medieval, una de sus preferidas. A uno de sus pianistas lo llevó hasta su nacimiento y a otra vida anterior, pero las visiones siempre se cortaban cuando llegaba a  “esas hermosas arenas blancas, ahí se acababa todo”. A otro de los miembros de su banda lo llevó a los tiempos de Jesucristo, en uno de sus sermones de la montaña, ofreciendo a la gente los panes y los peces. El no aprendió mucho, excepto que ese aparente Jesús se parecía más a un criminal y que no era atendido por sus espectadores de una forma particularmente especial.
Además de la capacidad para introducirse en la mente del personal, nuestro encantador elfo tiene algunas cuantas conexiones más con el mundo de lo desconocido, aunque esto es algo que vamos a dejar para otro momento.

Volvamos a los sueños. Para Dio los sueños son algo así como baterías de opciones y situaciones que se ponen en frente de nosotros para que nos vayamos posicionando e interactuando ante ellas. Pero por encima de esto, los sueños nos acaban convirtiendo en mejores personas. Sin sueños seríamos máquinas y gracias a ellos nos sentimos vivos. Filosofía vital para RJD.
En uno de sus escritos más escondidos y relevantes se puede leer una sentencia en latín que viene a decir lo siguiente: “Comes the end by sleep. I will prepare for you the Sacred Heart wich is the magic that opens upon the altar”. Toda una declaración de principios, intuimos que a través del sueño nos posicionamos para adentrarnos en un mundo mágico y desconocido que nos puede hacer alcanzar una nueva dimensión. Todo esto entendido dentro del contexto de la obra en la que se incluye esta inscripción.

Y los juegos a pesar de todo continúan
Con una advertencia al alfil del peón
Nadie ve un ángel
Hasta que no se estrella con el suelo
Cuando lo ven se alejan
Dejándolo ahí tirado
Nadie llega al cielo
Hasta que no vivido un tiempo en el infierno
Y aún así me resulta extraño
Que acabes yendo allí.

Además de sus escritos, para introducirnos en sus historias RJD se sirve de todos los lenguajes posibles. La dramatización y las ilustraciones son otras de las formas de comunicación que el protagonista de nuestro artículo domina a la perfección.

Las ilustraciones que usa nuestro artista preferido pueden ser dibujos, fotografías o montajes. Normalmente buscan el objetivo de acentuar determinadas visiones fantásticas en las que se pueden representar dragones –que es uno de sus iconos más recurrentes–, muñecas, niños, castillos, caballeros, figuras sagradas y diabólicas, animales como los lobos o los zorros, monstruos, princesas, paisajes o máquinas.

Este tipo de cuadros representan en ocasiones sensaciones de tranquilidad, tristeza o dramatismo. Usa colores muy vivos, sobrecargando a veces el conjunto para crear esa sensación de tensión que enfatiza el momento o pasaje de la historia que el propio dibujo representa. El abanico de ilustraciones es bastante variado. En los últimos tiempos ha declarado sentirse muy interesado en los diseños por ordenador; parece ser que le gustaría mucho crear algo así como una especie de videojuego interactivo con su propia historia y contenido musical alusivo al mismo, aunque hasta ahora esto no es más que un proyecto en ciernes.
Lo cierto es que el autor busca la sensación de intensidad en sus creaciones, creando en el que lo contempla una especie de tensa tranquilidad que, unida a la invitación que provoca en el propio espectador, hace que te emociones sacudiendo tus sensaciones en un delirante y dramático crescendo similar al de la tormenta. Empezando por una fina lluvia que aumenta hasta que se desencadena en toda su terrible majestuosidad destrozándolo todo como un huracán incontrolable que sacude brutal y apasionadamente todo lo que encuentra a su paso. Luego la calma.
Tengo delante de mí en estos momentos la ilustración de una de sus obras. Si nos paramos un momento, al hilo de la narración, a observar y degustarla, empezamos a darnos cuenta de la cantidad de matices a los que me estoy refiriendo. Pero esto es marginal.  


Que RJD es un actor es una verdad como un templo. Tal vez el hombre no se dedique a esto profesionalmente, pero no hay más que verle encima de un escenario –incluso en una fotografía– para darse cuenta de lo importante que es la dramatización para él, además del talento natural que posee para la misma. Desde el momento que clava su mirada en el objetivo o en nosotros nos adentra en su submundo de colores y matices. Cada gesto, cada movimiento nos habla, nos cuenta y nos invita a su festival.
Gran dominador del lenguaje corporal, lo usa también como recurso para enfatizar cada detalle de la historia que va a interpretar. Incluso podemos apreciar como lo usa el mismo para colocar su mente en la situación adecuada. Directo a nuestros corazones.
Sabe posar, sabe qué hacer con sus piernas, con sus brazos y manos, con su cara, hasta con sus cejas. Si contemplamos cualquier fotografía promocional apreciamos que está actuando, representando un papel, nos está hablando, diciendo cosas a través de esa foto.
Su ambigüedad y hálito misterioso también se reflejan cuando concede una entrevista o al realizar una actuación. Definitivamente es un actor, se mete en su personaje y la persona desaparece ante nuestros ojos…o ¿acaso no actúa ? es la magia del buen ilusionista, que hace que nos lo creamos.

RJD tiene, desde luego, un estilo muy marcado a la hora de interpretar delante del público. Su puesta en escena nos permite verle casi siempre como el narrador que nos hace testigos de excepción de su particular mundo. Esto es algo que se agradece mucho, pues resulta como una bocanada de aire fresco dentro de un género en el que la gran mayoría de artistas adoptan una puesta en escena que directamente consiste en hacer el payaso -en el sentido peyorativo de la palabra-. Él no. Él usa su cuerpo para introducirnos en la historia, cual trovador del medievo, laúd en mano, presto a sacarnos una sonrisa, una emoción.

Es un apasionado de la Historia, aunque es la época medieval la que llama poderosamente la atención de nuestro pequeño gran hombre. Un mundo de caballeros y princesas, torneos, duelos y honor. Héroes y villanos. Grandes y ostentosos vestidos llevados con solemnidad por damas y caballeros de alta sociedad que departen con fruición sobre enigmas sobrenaturales mientras la mugre chorrea por sus sucias piernas debajo de sus espléndidos ropajes. Toda la iconografía medieval y renacentista apasiona a Dio y le pone en situación a la hora de imaginar.
Su pasión por esta época -y su cuenta bancaria- le ha llevado a coleccionar objetos antiguos, desde armaduras medievales hasta muebles victorianos. Su casa es su santuario y alguna vez ha permitido a los periodistas hacer algún reportaje ocasional sobre él, su pareja, sus perros y sus gatos, en el que nos ha mostrado alguna de sus adquisiciones. Cuando ha grabado algún vídeo promocional gusta de charlar con el entrevistador en uno de los salones de su mansión, cómodamente sentado en su sofá isabelino, con una copa de vino en la mesa y bajo el calor que desprende la leña quemada de su chimenea. Pare él es esencial encontrarse en un entorno cómodo y acogedor, que le ayude a poner en marcha el proceso creativo.


Como buen artista su vida es una búsqueda continua del hada de la inspiración. Incluso en este extremo su forma de ser resulta interesante. Dio ha declarado que le gusta estar siempre “alerta” por si aparece la inspiración. Cualquier momento del día es bueno si aparece esa chispa, esa idea que le permita emprender el camino de la creación una vez más. Come poco y duerme lo necesario, por lo que cuenta, con cinco o seis horas al día ya se encuentra descansado y preparado para la acción-creación. De sus palabras se desprende que realmente es una persona feliz a la que le encanta su ocupación, pasando a ser vocación, que tiene presente en todos los momentos de su día a día. Muchas veces ha dicho que se siente afortunado por poder ganarse la vida haciendo lo que hace, ya que le apasiona… y que no tiene pensado jubilarse en unos cuantos años.
A la hora de componer le encanta sentarse delante del televisor y ver deporte de cualquier tipo con el volumen apagado -aspecto en el que coincido plenamente con él-, mientras tiene a mano una libreta en la que va dejando que fluyan sus ideas. Ideas que nos han colmado de felicidad e ilusión y que, incluso, han contribuido a mostrar el camino a seguir en la vida de más de uno, entre los que me incluyo.

Debo decir que esta es la primera vez que escribo sobre uno de mis ídolos de siempre (supongo que se nota). Quiero que estas palabras mal pensadas y peor redactadas sirvan de pequeño homenaje a todo lo que esta persona supone en mi vida. Y más ahora que se encuentra recibiendo quimioterapia en un hospital  de Houston por ese asqueroso y jodido germen humano que es el cáncer. El pasado mes de Noviembre iba a comenzar una nueva gira por Europa que tuvo que suspender dos días antes de empezar –casi nunca ha suspendido una actuación en sus más de cuarenta años de artista– por unos dolores de estómago que han desembocado en uno de los mayores demonios del ser humano. Desde aquí mis mejores deseos y mis mayores ánimos para superar esta nueva batalla contra este dragón.

Who cares what came before
We were ony starlight
One day, then nevermore
Because we´re whispers in the Wind
Once upon a time
The World was never blind
Like we are
Right now it seems     
You´re only dreams and shadows
If wishes could be eagles how you´d fly
This is your life
This is your time
What if the flame won´t last forever
This is your here
This is your now
Let it  be magical

La magia está en su música.


6 comentarios:

  1. Anda, mira qué bien te ha venío. Por cierto, siempre me he preguntado de dónde has extraído tanta información y tan buena.
    Siempre Ronnie en el corazón!!

    ResponderEliminar
  2. El más grande entre los grandes. Muy bonito y sentido texto de alguien que se nota que apreciaba la figura artística y humana de este gran hombre. Me ha gustado mucho el tratamiento del artículo, además de exponer detalles de la vida de Ronnie que desconocía (y que me imagino que estarán contrastados, porque son bastante reveladores).

    Lucas.

    ResponderEliminar
  3. No pas un solo día sin que me acuerde de Ronnie y su magnífico legao, solo al alcance de unos pocos elegidos. Magnífico artículo que, sin tocar directamente su música, llega a calar hondo para cualquiera que lo lea. Dio era y es un genio.

    Larga vida al rock n roll...larga vida a Ronnie James Dio.

    Ramón.

    ResponderEliminar
  4. Conmovedoras palabras que se nota que salen del corazón. Un texto reivindicando la faceta de artista total de RJD, que desprende cariño, pasión y dolor. Me uno a su recuerdo. El más grande. Susana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tus comentarios, Susana. Cariño, pasión y dolor; eso es exactamente lo que siento por Ronnie Dio. Me alegro de que a alguien le haya podido transmitir esa misma sensación.

      Un saludo.

      Eliminar
  5. Dio era un artista total, más allá del músico. Gente especial e irrepetible.

    ResponderEliminar